miércoles, 9 de octubre de 2013

Fidelidad y entrega a la luz de las enseñanzas de Abraham

Nos encontramos en días de peregrinación y reflexión, días que preceden a ‘Îd al-Adhâ (la Fiesta del Sacrificio), en conmemoración de la historia del profeta Abraham (paz y bendiciones)… Pero ¿dónde queda nuestra preocupación por la fidelidad que mostramos en nuestros actos? ¿Los llevamos a cabo desde el corazón o desde el cumplimiento con una tradición de más de 6000 años de antigüedad?  ¿Satisfacemos las necesidades de nuestro Ser? ¿Cumplimos con nuestra fidelidad al mensaje? ¿Qué consecuencias tendría la falta de conciencia en nuestra fidelidad para el trato con la humanidad como un todo? 

“Y, cuando éste alcanzó la edad de acompañarle en sus tareas le dijo: «Hijo mío, he visto en sueños que te sacrificaba. Considera tu parecer» Dijo: «Padre ¡Haz lo que se te ordena! Y si Al·lâh quiere, encontrarás en mí a uno de los pacientes»”. (Corán: 37/102) 

Tanto Abraham como su hijo manifiestan la entrega total al Señor de los Cielos y de la Tierra. Una sinceridad previa a este momento en que reciben un mandato divino con el que se reta esta fidelidad.
La historia culmina con la revocación del mandato, sustituyéndolo por otra revelación: el sacrificio de un cordero.

Pero es un momento glorioso que podría representar otros tantos en la vida de la humanidad. Momentos en los que nos encontramos en la encrucijada de decidir si ser y permanecer fieles a aquello que nos vertebra o satisfacer el antojo de las necesidades coyunturales. Momentos en los que tenemos que poner en una balanza nuestros intereses personales contrastando nuestra realidad con nuestros actos, sus consecuencias y la vía que queremos seguir. Un momento para reformar y cuestionar nuestras intenciones y las Motivaciones de nuestro trabajo.

La parábola nos deja con otro signo de la Generosidad, Rahma y Cercanía Divinas, al revocar un mandato con el que sabía que sus fieles cumplirían. Pero que quiere plasmar en los anales de la historia para contemplación y meditación de las generaciones venideras. Constituyendo una muestra más de Su Generosidad para con el género humano.

Tanto Abraham como su hijo manifiestan su certeza en su pertenencia a Dios, ya que no cuestionan Su mandato sino que lo obedecen. En nada cambiaría permanecer en el mundo o dejar de hacerlo, ¡pertenecemos a Al·lâh! Dios nos recuerda: me pertenecéis con todos vuestros actos, a Mí volveréis y no controlaréis vuestra existencia. Donador de la vida y la muerte que son el eje de esta, cualesquiera que sean las posesiones que el nuestro Ego materialista acumule, todas se desvanecen al decir que “mi vida y mi muerte pertenecen al Señor del Universo”. Tanto el profeta Abraham como su hijo optaron por la fidelidad en el cumplimiento con su deber, puesto que Le pertenecemos, ¡hagámoslo cuidando de nuestra fidelidad!

Nuestra sinceridad y responsabilidad nos llevan, por estas fechas, a esto: no puede haber fidelidad sin una preocupación real y constante por todos nuestros los seres creados. De repensar nuestra forma a la hora de gestionar esta enseñanza, traspasando las fronteras formales para alcanzar el verdadero espíritu de esa donación, recordaríamos que no puede haber fe sin preocupación por la humanidad. El profeta Muhammad (SAAWS) recomendó ofrecer un tercio del sacrificio habitual al finalizar esta semana de reflexión, a los necesitados y a quienes no puedan celebrarlo. No se trata sólo de mostrar solidaridad, ayudando a los necesitados, sino también de mostrar respeto ayudando a las personas a ser autónomas para liberarse de la caridad de los demás: son fechas para tener en cuenta temas como el hambre en el mundo, la necesidad de los necesitados,… celebrar la fiesta del Sacrificio no precisa del sacrificio en sí, sacrificarse invirtiendo en un rescate más humano, más englobador... manifestando explícitamente esa pertenencia a Él.

Tenemos que reformar y cuestionar las intenciones de nuestros actos haciendo que partan y amplifiquen el alcanza de nuestra fidelidad. Haciendo de cada obra, una de corazón.

Nuestra intención en esta celebración tiene que estar ligada al acto (en este caso la voluntad de los profetas Abraham y su hijo). Hacernos recordar y reflexionar sobre la enseñanza última de tal parábola para traspasar sus manifestaciones familiares, culturales, añadidos sociales… y alcanzar la Intención que nos motive a convertir este acto en espiritualidad sincera.

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lunes, 7 de octubre de 2013

Abraham y su idea medular

Para entender la persona que es el profeta Abraham, habría que remitirse a sus vivencias. Vivió en sitios diferentes y pasó por diversas etapas. Empezó a sacrificarse por su idea central que suponía lo más importante para él y que fue el eje de su entendimiento: la obediencia de Al·lâh (SWT).

La vida del profeta Abraham se puede dividir, intentando comprender mejor sus enseñanzas, en:


I- Primera etapa: empezó cuando él tenía 16 años con acciones como:

- Invitar a su padre a adorar a Dios;
- Invitar a su pueblo a lo mismo y a despojarse de los ídolos;
- Destruir esos ídolos a los que adoraban;
- Ser arrojado al fuego como castigo por su acto.

II- Segunda etapa: la continua migración entre distintos países

- Enfrentarse al rey Nemrod: Abraham le invitó a creer en Dios, acto por el que el rey le echó de sus tierras, pues se trataba de un tirano que gobernaba con crueldad pero que temió castigar a Abraham tras habérsele dicho que le habían arrojado al fuego sin que este pudiera quemarle. Pensó que se trataba de un hechicero y lo dejó marchar;
- Emigrar de Mesopotamia a la actual Siria;
- Emigrar de Siria a Egipto;
- Emigrar de Egipto a Palestina;

¿Por qué ofreció Abraham su estabilidad, su dinero llegando a sacrificar a su propia familia? Todas sus componentes no fueron lo más importante ya que no podrían albergar su idea medular. La idea que había profesado y para la que había vivido fue la de conseguir la satisfacción y bendición de Dios, transmitiendo el espíritu del Tauhîd a sus congéneres y a la humanidad como un todo. 

III- Tercera etapa: su vejez

- Abandonar a su esposa Hagar y a su hijo Ismael en el valle de la Meca: los ha dejado en el desierto, abandonando a un hijo que le había sido otorgado por Al·lâh siendo un anciano. Dios le hizo elegir entre Él y su hijo;
- La historia del sacrificio del mismo hijo;
- La construcción de la Ka’ba;
- Su muerte.

Desde los dieciséis años, antes de que fuera arrojado al fuego por impostor para ser salvado por Al·lâh (SWT), emigró de un país a otro. Tras tener un hijo, Dios le ordenó el abandono de estos en el desierto y le pidió que se trasladara a otro lugar para construir un templo en él… desafíos y pruebas para nuestro profeta Abraham. Por eso y por la forma en que se dejó llevar, fue elegido ejemplo y modelo a seguir para la humanidad.

Conclusiones de su idea medular

Y cuando su Señor probó a Abraham con ciertas órdenes, al cumplirlas, dijo: "Haré de ti guía para los hombres". (Corán 2/124).

Al·lâh puso a prueba al profeta Abraham y cuando las hubo pasado todas, le hizo saber que se le había concedido una posición que merece como modelo para la humanidad en su conjunto: "...«haz que seamos modelo para los temerosos de Al·lâh!»" (Corán 25/74). Dios le convirtió en imâm para toda la humanidad “Abraham fue una comunidad, devoto de Al·lâh, hanîf y no asociador" (Corán 16, 120). Una de las interpretaciones de la aleya es que su mérito equivale al de toda una comunidad (Umma). De ahí que cuando rezamos nos acordemos de dedicarle rezos de la misma manera en que lo hacemos con Muhammad (SAAWS).

¿Cuál es nuestra propia idea medular? Esa que debería dirigir nuestros pasos “Dios tomó a Abraham como amigo” (Corán: 4/125). Dios lo elevó a la categoría de amistad por su entrega y fidelidad. Fue generoso en su vida y lo dio “todo” para conseguir Su Complacencia y Bendición.

Destrezas que podemos aprender de la vida del profeta Abraham

1- El arte de dialogar y trata con/a los demás. "Cuando vio la luna que salía, dijo: «Éste es mi Señor». Pero, cuando se puso, dijo: «Si no me dirige mi Señor, voy a ser, ciertamente, de los extraviados». Cuando vio el sol que salía, dijo: «Éste es mi  Señor! ¡Éste es mayor!». Pero, cuando se puso, dijo: «¡Pueblo! Soy inocente de lo que Le asociáis. Vuelvo mi rostro, como hanîf, hacia Quien ha creado los cielos y la tierra. Y no soy asociador»". (Corán 6/77-79)

Cuando preguntó a su pueblo por su dios y le respondieron que era el sol, no se enfadó ni s les recriminó. Sino que esperó a que se hiciera de noche y les inquirió preguntando por Dios porque le quería rezar. Ingenió un método para poder transmitir su discurso buscando descifrarlo conforme lo transmitía. 

"Dijeron: «¡Abraham! ¿Has hecho tú eso con nuestros dioses?» «¡No!» dijo. «El mayor de ellos es quien lo ha hecho. ¡Preguntádselo, si es que son capaces de hablar!»" (Corán 21/62-63)

Cuando, contando los dieciséis años, entró al templo para derribar los ídolos, al reunir a los miembros de la aldea, y preguntar por quién había sido el osado, les sugirió que preguntasen al que tenía mayor tamaño y preponderancia (lo había reservado para tal fin), dejando que se percatasen ellos mismos del abismo en el que se hallaban sumisos con semejantes formas de culto.
Es racional y conserva una conversación agradable que se conduce según la situación de quienes le acompañan.

2- La buena iniciativa. "Su pueblo disputó con él. Dijo: «¿Disputáis conmigo sobre Dios, a pesar de haberme Él dirigido? No temo lo que Le asociáis, a menos que mi Señor quiera algo. Mi Señor lo abarca todo en Su ciencia. ¿Es que no os dejaréis amonestar?" (Corán 6/80).
Tuvo la iniciativa de enfrentarse a toda su comunidad, a todo un pueblo rebatiéndoles en pos de manifestar Unicidad del mensaje de Dios (At-Tauhîd). Todo ello con dieciséis años.

Se enfrentó a las emociones colectivas que valoran unas ideas y estigmatizan otras, con la excusa de que son de las masas, sin ningún interés por buscar la complejidad o la contemplación de esta para la consideración de los objetivos.

3- Su tratamiento del Yo (Nafss-Deseo). “Y, cuando éste alcanzó la edad de acompañarle en sus tareas le dijo: «Hijo mío, he visto en sueños que te sacrificaba. Considera tu parecer» Dijo: «Padre ¡Haz lo que se te ordena! Y si Al·lâh quiere, encontrarás en mí a uno de los pacientes»”. (Corán: 37/102) 

Doblega sus deseos personales (como lo pueden ser el estar con su deseado hijo, mantener sus propiedades y hacienda…) por el cumplimiento con Su Mensaje. Pues sabe planear y establecer las prioridades para alcanzar su meta. Sacrificó un anhelo personal que había pedido y esperado por el cumplimiento con lo que Dios le tenía dispuesto. No dudó del cometido de semejante mandamiento, con esa certeza que caracterizó su pertenencia al Más Alto.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Identidades adoptadas

Se afeitaba la cabeza convencido de que al hacerlo sonaría mejor la melodía centenaria de los cuencos que tan a conciencia había encargado para que se transportaran "para él" desde el lejano Tibet. Creyendo que así conseguiría albergar la esencia de una milenaria tradición para la que esos cuencos suponen una manifestación espiritual más, pero no la única.
Lo mismo hacía aquella que leía los poemas de Rumi no sabemos si para conjuntarlos con el prestado caftán de derviche o buscando darse un atisbo de significado y esperando recibir a cambio la sabiduría que se los había inspirado siglos atrás a aquel místico.
¿Manifestaciones de una identidad adoptada que no encuentra un cauce apropiado por donde emerger? ¿Dónde queda la esencia del propio dîn frente a este tipo de camuflaje en una identidad ajena?

Cuando se nos presenta la pregunta de ¿quiénes somos? tocamos ese tema que ha mantenido ocupadas las mentes y continúa siendo protuberante para muchos debates y reflexiones: el de la identidad. La pregunta es vital para todos pero intentaremos indagar en cómo la podrían encarar los musulmanes que viven en Occidente.

Si el mensaje en el que creen es universal, si deben intentar, dondequiera que vivan, mantenerse fieles, y si Occidente es “una morada de testimonio”, que les permite ser ellos mismos y estar en casa; es imperativo que definan lo que son y lo que quieren ser para tratar mejor el malestar que puede resultar de ese permanente no saber cómo se pueden dibujar los bosquejos de esa identidad multidimensional.

El malestar es, a decir verdad, una característica casi permanente de la psicología de los musulmanes en Occidente: los antiguos (y nuevos) inmigrantes no tenían muy claro si querían ser “musulmanes occidentales” o más bien “pakistaníes, turcos o árabes... musulmanes en Occidente". En cuanto a los nativos europeos y americanos, se dividieron autoexiliándose de su propia cultura, ya que tuvieron que elegir entre “arabizarse, pakistanizarse, etc.” o seguir siendo lo que eran manteniendo cierta distancia de las comunidades musulmanas que procedían de otros sitios ya que les eran culturalmente distantes.

El carácter englobador del mensaje del Islam, su universalidad y los instrumentos que se nos han ofrecido para ayudarnos a vivir nuestro tiempo deberían facilitar la cura de estos problemáticos desórdenes para superarlos. Una vez más, una vuelta a las fuentes escriturarias nos permite establecer la distinción entre los principios religiosos que definen la identidad del musulmán y las trampas culturales que estos principios acaban necesariamente asumiendo, dependiendo de las sociedades en las que los individuos vivan. Esta es una distinción fundamental: la universalidad de los principios permite a los musulmanes revestirla de las especificaciones de sus culturas nacionales a través del principio de integración o shumûliyya, que nos enseña a integrar en nuestra identidad y cultura todo lo que la humanidad produzca y que no esté en contradicción con una prohibición. Roger Garaudy afirma sobre este principio: "El principio de integración en el Islam hace que este asimile todo lo que se encuentre en torno a él, ya sean religiones, ideas, métodos, personas o sucesos".

Por lo que no debe permitirse que cualquier cultura, que interfiriese con la adaptación a otro contexto, se identificara con los principios islámicos, o de forma más perniciosa, que se otorgase a sí misma un derecho falso para representar la única manera de ser auténticamente musulmán recurriendo a la carga nacional propia importándolas a un contexto que impone otras exigencias.

Por tanto podremos distinguir:

- por un lado los elementos que conforman la identidad musulmana, basados en principios religiosos y que ofrecen al creyente una dimensión necesariamente abierta que le permite vivir en cualquier tipo de contexto;
- y por otro, las culturas que engloban esa identidad, siendo una forma específica de vivir estos principios, una vez adaptados a los variados contextos, sin otorgarse más legitimidad que cualquier otra forma que se proponga y que sea respetuosa con los mandatos religiosos.

Si consideramos esta distinción, se hace posible definir el sentido y el significado de la “identidad musulmana” al extrapolar la esencia de nuestra identidad de su realización en un tiempo y lugar particulares. En otras palabras, nuestro propósito y objetivo consiste en discernir y abstraer el Islam de los incidentes, accesorios de la cultura árabe y/o asiática,... de la tradición, y de la indumentaria para llegar a la concepción de los principios universales a los que deberían aferrarse los musulmanes en Occidente y en cualquier otro contexto, si queremos seguir guardando fidelidad, pudiendo después revestirlas de cualquier perculiaridad.

Al final de este proceso de distinción, emergerán los medios que nos podrán ayudar a un mejor entendimiento de los propósitos fuera de cualquier emoción y adopción de identidades ajenas.

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martes, 6 de agosto de 2013

Çakât al-fitr

En las fechas en las que nos encontramos casi todos los musulmanes habrán hecho llegar a los más necesitados la contribución conocida como çakât al-fitr. Pero conviene repasar el sentido de esta práctica.  Se trata de un obsequio simbólico en alimentos que se ha de dar al final del mes de Ramadán. En un principio se usó como medida para pesar los alimentos un sâ´ (medida para granos que equivale a 2 kilogramos y medio), siguiendo el siguiente hadîz del profeta, saaws:

Narró Ibn ´Omar, que Al·lâh esté complacido con los dos: “El Profeta, saaws, estipuló el pago de çakât al-fitr en un sâ´ de dátiles, o de cebada; a ser pagado tanto por el esclavo como por quien sea libre, hombre y mujer, por los musulmanes jóvenes y ancianos. Estableciendo que se entregara antes de dirigirse la gente a la salât (al-´Îd).” Recogido por Bujâri.

Actualmente, se suele pagar la parte correspondiente a este peso para que la gente pueda comprar con él aquello que necesite. Aunque haya quien siga dando este regalo en forma de alimentos.

Los compañeros del profeta, saaws, solían entregarlo dos o tres días antes del día del ÎdRelató Nâfe´ Mulâ Ibn ´Omar, que Al·Lâh esté complacido con ambos: “la solían entregar dos o tres días antes de acabar el mes de Ramadân” Narrado por Bujârî. Y el último momento para su pago es salât al-Îd, como relataran Ibn ´Omar e Ibn ´Abbâs, que Al·lâh esté complacido con ambos.

Esta çakât sirve para generalizar la alegría de Îd al-Fitr. Por eso su pago se realiza antes de cumplir con la oración del fitr para que llegue a quienes más la necesiten y poder así celebrar este día.

Al mismo tiempo, esta medida ayuda a subsanar los distintos errores en al-`ibâda a los que muchas veces se ve forzado el musulmán cuando observa el ayuno. Lo que es fácil de percibir cuando se recurre al significado del verbo çakkû/çakkâ “prosperar, crecer, acrecentar, purificarse…” que incide tanto en la nafs de quien realiza la donación como en su cuerpo.

Tampoco se puede dejar pasar inadvertido el carácter igualatorio de esta práctica: casi todos los musulmanes la entregan, pero quien entrega una sola parte (al no poder dar más) podría recibir hasta tres por ser de los más necesitados. Lo que acentúa su participación en el tejido social abandonando ese sentimiento de ser una carga para los demás, y la aflicción que deriva del mismo. Y de ahí que su significado también sea el de "hacer prosperar a los demás."

domingo, 30 de diciembre de 2012

Corazones velados

1- Un primer despertar

Deben de ser las 5. Pues aún no hay ningún hombre legañoso por aquí. Me pregunto si en las estaciones de hoy estará la misma gente. Asumo que sí porque se trata siempre de recoger para volver a dejar a personas que no te sienten. Me atrevo a decir que ni se sienten a sí mismas.

¡Qué cosquilleo! Es el maquinista que me toquetea como si mi cuerpo fuera propiedad suya. Siento el impulso de caminar y me dejo llevar porque hay quienes me esperan. Partimos aun sin estar conforme con la incomodidad que me supone tener que ajustar mis largos y caminados brazos a unos raíles de 1,43 metros. ¿A quién se le habrá ocurrido semejante barbaridad? ¿No han visto lo grande y longevo que soy?... en cualquier caso, hay quien me espera y no me apetece dejarle esperar.

2- Comunidad de jueces

Arribamos a la Estación. Mucha gente, no parece ser demasiado distinta, es la de todos los días. Se suben, bajan en una y otra estación, dirigiéndose a sus respectivos objetivos.

A primera vista es gente que no se conoce, pero tan pronto como aprecian que empieza a llover, comienzan a dirigirse palabras con demasiada familiaridad. Una mujer aprovecha esas gotas del jugo de las nubes para preguntar a la de su derecha por sus compras navideñas. Una tercera se suma diciendo que se irán a Praga, ya que no hay navidades mejores que las centroeuropeas, 'me encanta la estampa de la nieve, ¡todo tiene un espíritu tan navideño!' Hay mucho ruido y parece que la gente navega por un mare mágnum de emociones colectivas. Hablan de las compras, de los gastos, de lo felices que somos.

Pero también hay otros que van solos. No hablan porque parecen concentrados en la lectura. A ver, El símbolo perdido, El método Dukan (para los que se preparan para las vacaciones de verano), El ángel perdido… siempre los mismos. ¡Cómo me aburre tener que leer siempre lo que se vende en todas las librerías!… ¡¿no habrá algo más interesante?!

Llegamos a la siguiente parada. Dejo que me abran las puertas para que bajen los que se quieran ir. Hay otro tren en el andén a mi lado. Le saludo y espero a que salga para seguir con mi camino. Oigo los comentarios de la gente: '¡Ya les vale! ¿Por qué no cambian este vetusto tren?'

Se acaba de presentar con esto la Comunidad de jueces: gente que te compara siempre respecto de otro, sin entrar a valorar si estoy cumpliendo rigurosamente con la función que se me ha encomendado. Los dejo donde quieren, puedo volver a portarlos cuando lo necesiten. Pero no soy tan moderno como el otro y por eso me jubilan.

Incluso cumpliendo con mi función, quieren que tenga ese añadido de “bonito” que les ha acabado consumiendo.

Por fin un título interesante: Tiempo de romper, tiempo de coser. Lo lleva una chica cuyos libros me han llamado siempre la atención. Parece discreta, como si no quisiera llamar mucho la atención del resto aunque todos la miren. Lleva un velo por lo que la llaman, sigilosamente, “La chica del velo”. Pero lo que más me llama la atención no es su conjuntada tela, sino el libro que porta y que se pone a leer nada más conseguir un asiento. Se dedica a escribir en el libro. Tengo mucha curiosidad por saber lo que escribe, y lo leo al igual que leía el resto. Son palabras sueltas: “libertad, filosofía, religión, mujer, etiquetas, resistencia…” no entiendo por qué escribe pero como lo que hace es distinto, me llama la atención. Nunca he tenido tiempo para leer en detalle todo cuanto querría.

3- Libertad amputada

Llegado al destino, me abandona esa Comunidad de jueces que me comparaba.

El maquinista me va rondando y gruñe tras "ver" algo que etiqueta como avería. Yo me siento bien, aun cansado. No me duele nada pero él dice que he sacado uno de mis brazos que ‘no han respetado’ el ancho de la vía. ¿Acaso ha respetado alguien mi anchura? Oigo: '¿No sabes que los raíles miden 1,43? ¿Por qué ensanchas tus malditos brazos? Lo llevamos para el “eléctrico-cardiograma”’.

Nadie me dirige la palabra, no sé lo que es esa cosa eléctrica pero asumo que no tiene nada que ver con la comida que me dan para que camine a diario.

El Maquinista está muy alterado, es seco y rudo y creo que no sabe que soy capaz de oírle. Utiliza un lenguaje muy callejero.

Claro que sé cuál es la distancia que separa los raíles. ¿No recuerdas  mi entrega y la fidelidad a este servicio… a la gente?, ¿mis años de profesión y largo kilometraje…?

Llegan otros señores que examinan esa parte de mi cuerpo centrándose en los brazos de esa parte. ¡Menuda agresividad en el trato! ¿Qué me hacen? ¡Me duele! Tiran de ella. Intento gritar y lo hago con todas mis fuerzas. No me oyen...

Me han amputado esa parte de mi cuerpo, mostrando un comportamiento falto de toda fragilidad. Les oigo vociferar ‘Ya está listo para seguir ¡A seguir trabajando! ¡Esta chatarra aguanta unos años más!’

Descanso. Pero me duele esa parte de mí que me han eliminado sólo por haberse ensanchado y liberado.


4- Vetusta modernidad

Continúo, dolorido, con el servicio. ¿Por qué me quitan una parte de mí? ¿Será porque habrá dejado de cumplir con sus criterios de productividad y competitividad? Como me salgo de los raíles porque no me quiero adaptar a sus medidas, me tienen que amputar lo que se sale. No es justo. ¿No llevaba a las gentes en mi costado sin que me importara que ellos fueran de una u otra manera?

Me pregunto si el maquinista sabe el porqué de tanta insistencia en que deje de llevar mis brazos por unos raíles donde ni siquiera cabrían mis aspiraciones.

¿Cómo pretenden entonces que conduzca por allí mismo mis años, experiencia, anhelos, los libros que ojeo…? No sé si saben que esa distancia (1,43 metros), tanto de los raíles de ese tren que era más moderno como de los míos fue establecida por los romanos. Y nosotros, pobres ignorantes, no formulamos preguntas sino que esperamos a que los secretos del mundo se abran genuinamente a nosotros.

Resulta que cuando construyeron los primeros vagones de tren, usaron las mismas herramientas que se utilizaban para la construcción de los carruajes.

¿Por qué los carruajes tenían esa distancia entre las ruedas? Porque las antiguas carreteras se hicieron con esa medida, ya que sólo así podrían circular esos mismos carruajes.

¿Quién decidió que las carreteras deberían hacerse con esa medida? Y he aquí que, de repente, llegamos a un pasado muy distante: los romanos, primeros grandes constructores de carreteras, lo decidieron. ¿Por qué razón? Los carros de guerra eran conducidos por caballos, y al ponerlos uno al lado del otro, los animales de la raza que usaban en aquella época ocupaban 143,5 centímetros.

De esta manera, la distancia entre los raíles sobre los que camino hoy y que utilizan tanto los trenes longevos como los modernísimos, fue determinada por los romanos.


5- Entre dos mundos y una pastilla para la felicidad

Estoy hastiado. La gente no muta de carácter ni de hábitos. Todos dirigiéndose a sus objetivos sin darse cuenta de mis gritos silenciados. Me falta una parte de mí que me han arrebatado porque optó por liberarse, porque no quiso seguir lo estipulado, porque quizás pasara al mundo real… Pero les oigo decir: '¡Mira ahora es más pequeño!, como no sustituyan el vagón que le han quitado no vamos a caber todos ¿te imaginas  que disminuyeran la frecuencia? ¡Con la prisa que llevo siempre!'

Me viene a la memoria, a raíz de estos episodios, la idea de un tal Hilary Putman, filosofo y matemático empirista estadounidense. Defendía que si se le diera a la gente a elegir entre tomarse una pastilla que les asegurara “la felicidad” aunque les privara del conocimiento, o dejar de hacerlo con la consiguiente pugna que define nuestras vidas, los humanos se quedarían con esa primera opción. La filosofía, decía él, se encarga de intentar averiguar el porqué de esta preferencia. ¿Por qué prefieren el olvido a la consciencia?

¡Qué realidad más pérfida!, cuán individualista se ha hecho nuestra condición. Recuerdo una lectura de algún libro en la que se afirmaba: “Hay dos tipos de mundo: aquel con el que soñamos y aquel que es real”. En el imaginario la gente a estas horas habla de mi parte amputada, de sus jefes y de lo mal que se portan, de los profesores y la manía que les tienen, de los sueldos, de sus compras, los hijos, padres…

¡Me he cansado! ¿Qué más dará que siga o lo deje? ¿Por qué tendré que obedecer las órdenes de un señor que ni conoce mi historia? En el mundo real se presenta la necesidad de mirarse al espejo. De conocerse, autodefinirse reconociéndose en los demás.

Igual viene la chica del velo y pueda leer algo de lo que porta.

Ya está, en esta parada se suele subir. A ver lo que lleva hoy. Tiempo de romper, tiempo de coser. Leo:

"...El pluralismo que vivimos es tal, que nos vemos en la necesidad de plantearnos si estamos hablando del mismo mundo, de las mismas preguntas o de la misma humanidad. Entretanto, en esta “villa global”, nuestro cada vez más pronunciado individualismo nos induce incluso a dudar del hecho de que haya cosas tales como la filosofía y el pensar meditado o a cuestionar los fragmentos de reflexión que hay tras los cálculos de nuestros anhelos de poder e intereses personales. ¿Y qué otra cosa podría hacer el ego del egoísmo si no?

Cuando salimos de nosotros hacia el otro, encontramos muchas similitudes, muchas cosas en común y muchos valores compartidos. El hombre es vulnerable cuando está perdido y encuentra rara vez satisfacción en su pérdida. Pero es bueno que el viajero se pierda de vez en cuando, que encuentre su camino de nuevo, que piense que ha entendido para percatarse finalmente de que no entiende, o que no entiende suficiente.
El objetivo de nuestro viaje ha de ser el viaje mismo… dicho de manera poética, se trata de un viaje que nos lleva lejos, hacia nosotros mismos…"

¡Qué rápido ha sido su trayecto! Ya le he abierto las puertas para que se fuera pero percibo sus pensamientos de manera muy cercana, siento que se ha dejado una parte de sí conmigo. Pero ¿qué puede ser? ¡Es el libro! Lo puedo seguir leyendo porque se lo ha dejado sin querer.

Pienso en la nostalgia que habrá de sentir cuando se percate de semejante falta. Pero en lo profundo de mí, me alegro de que se lo dejara. Ahora sólo falta que cuando yo llegue a casa para dormir de noche venga ese chico de carácter destemplado a quitarme las impurezas del mundo. Es un chico muy dejado y no se daría cuenta del libro dejándomelo para el resto de la noche.


6- Noche de lectura

¡No he dormido nada! Lo increíble es que no es sólo por el libro, sino porque este incluye notas que la chica ha ido dejando sobre lo que le inspira el libro, el mundo, lo que le inspiran las personas, lo que se inspira a sí misma:


"Creo en la rebelión consciente y responsable como única solución al estado actual de las cosas.
Me niego a asumir y bregar con lo que el mundo me impone. Y me rebelo. No quiero coincidir con los prototipos estamentados que se asignan en un mundo en el que yo podría funcionar (como parece que lo hace el resto), pero que no funciona en mí".



"Me siento observada. No sé en qué momento dejaríamos de hablarnos los unos a los otros para pasar a hablarles a los personajes cuya ficción nos ha transmitido el mundo. Pero yo no me velo al género humano sino que es este el que me separa.
Tenemos tanto que compartir, dialogar, hacer juntos… que cualquier encontronazo se presenta como un riesgo superficial que debemos asumir".



"Me rebelo contra ese entusiasmo comunitario consensuado que tiene a la preocupación y ocupación por las formas de protagonistas.
Cada uno es responsable de sus actos y no podremos transmitir nuestra oposición a los ideales de “mujer objeto” y a las formas que tenemos de vanagloriarnos con este tipo de comportamientos…"

"Me resisto como mujer, musulmana y feminista a seguir los dictados tanto de nuestras sociedades democratizantes; como de una comunidad que reduce sus enseñanzas al comportamiento de sus hijas. Cada uno debería contemplar sus motivos para poder operar sobre ellos".



"La consistencia en la acción está en la propia resistencia, en nuestra  propia consciencia.
Me rebelo contra las manifestaciones estipuladas por una comunidad de fe que no va más allá de las ataduras formales que parecen otorgarnos la ilusión del reconocimiento.
Me rebelo a vestir según los mandatos de nadie, ya que la normalización de mi situación puede derivar en el olvido de unas llamaradas que emergen desde mi más íntima coraza: “no eres un mero objeto…”
Me rebelo a esto último porque siento que tengo que observar mi humildad, oponiéndome a la vanagloria, a la autocomplacencia, al orgullo “de ser Yo”…"



"¡Sé que el camino es largo, hazme lo suficientemente fuerte!"

7- Autoliberación

Este acto de resistencia me cuestiona. Cuestiona mi comportamiento, mis actos e incluso la repercusión de las personas en mi vida. Siento un tenue lagrimeo agridulce.
Yo soy esta chica. Soy ella porque en sus notas habló por mí. Ha dicho lo que tanto había esperado oír decir a una persona. Sé que entendería mis motivos y que le dolería que amputaran esa parte de mí porque se haya soltado y liberado de esas ataduras sociales que nos consumen.

En un mundo, donde dominan las ilusiones y la ceguera potencial de las emociones colectivas, donde nos comprime la autocomplacencia, la hipocresía, el individualismo, el consumismo, y la bancarrota moral... hay una voz que se encuentra acallada. Etiquetada por nuestra falta de visión y por los vaniloquios de esa Comunidad de jueces...
Resisto por ella, resisto por mí, resisto por los que viajan en mí... 
Pero no me puedo quedar en la emoción o la ilusión de resistir... se trata de una postura que requiere de conocimiento de nosotros mismos, requiere de las aspiraciones más nobles de nuestros corazones llevadas a la acción.

...

Creo que serán las 5 de la mañana otra vez. Pero hoy ya sé cuál es mi cometido. ¿Por qué tengo que mostrar gratitud a las personas que me acompañan en mi viaje? ¿Por qué tengo que asumir que no encajo en los estándares actuales ajustándome a ellos? No lo haré y no me dejaré guiar hacia donde me lleven.

Llega esa persona legañosa otra vez, deben de ser las 6 ya (¡cuán corta se me ha hecho la noche!) Siento que me toca la boca, el abdomen… siento el impulso de caminar otra vez. Pero no lo hago… no quiero seguir.

Me siento libre. Asumo mi responsabilidad. Dejo de caminar hacia donde me guían y empiezo a caminar hacia mi persona porque me reconozco en ella. Tengo que romper para poder coser. No puedo pretender una revolución sin mutar de estado. Tengo que estar dispuesto a cambiar. ¡Y lo estoy!

Cuento con que me llamarán chatarra. Pero se tratará de una chatarra leal, consistente en sus ideas, constante en su reflexión.