viernes, 19 de septiembre de 2014

El intolerante simpático



Hay un tipo de intolerancia que se puede auscultar detrás de la simpatía. Comentarios como los de “¡Es que (vosotros) guisáis muy bien!”, “¡(Vosotros) sois más practicantes que nosotros!”, “¡Ojalá (¡hey!) todo el mundo apreciara algunas cosas como lo hacéis (vosotros)!” y un largo etcétera de simpatías que no persiguen más que el caer bien, o decir lo políticamente correcto. Dejando de conocer entretanto la complejidad de la persona que soy en realidad. Fanatismo sutil que se desvela tras los gestos de aprecio.

Qué triste es encontrar al verdadero individuo que hay tras estas máscaras en situaciones determinadas. Nos encontrábamos compartiendo una mesa con gente cercana en el trato, no tanto en el compartir. Personas que parecían respetar lo que vivimos (lo que vertebra eso que somos). No lo entienden del todo, pero dicen respetarlo. Todo transcurría como era habitual hasta que se le ocurrió a alguna citar lo problemático y costoso que ha sido traer al cura contagiado de ébola cabiendo la posibilidad de contagio en España. Consideraba a esta persona como un engorro para toda la población. Justificando su postura con que el dinero que había costado su traslado, bien servía para cubrir necesidades más urgentes que experimentamos aquí en España.

Nada nuevo hasta ahora, salvo el sujeto parlante. La reiteración de la inconsciencia y ese oscurantismo desmesurado cansa. Cansan hasta el punto de cuestionarme la pertinencia del encuentro en sí.

Lo inconcebible del des-encuentro no fue solo esto sino que tengo la impresión de que se utilizó un tema “monstruo” de abrelatas para tratar el verdadero problema que cree tener esta gente: inmigrantes que se chulean en los hospitales, rumanos que roban los puestos de guardería a nuestros hijos, marroquís que tienen hijos a los que no pueden criar…

Estas actitudes tienden a darse en personas ignorantes con una curiosa tendencia a la verborrea. Cuando les explicas lo que en realidad eres, no te escuchan. Y acto seguido permanecen en esa misma actitud confirmando la pusilanimidad de su ser mediante la negación del otro que no se llama María o Pepe y que por tanto no es normal.

Demuestran, una vez más, lo inseguro que es el hombre moderno de sí mismo (y aquí no voy a ser políticamente correcta). No hay nada que sustente a estos “Meursaults” que parecen tener tan poca convicción en aquello que creen que se resienten a aseverar su ente con la negación de los demás.

La imagen con que representaba el des-encuentro en mi cabeza  fue la de una plaza llena de gente, la gente iba alzándose la camiseta conforme hollaban mirándose al ombligo. Cuando se chocaban con otra persona, gruñían refunfuñando abominaciones. Pero volvían a bajar la cabeza para situarla en el mismo estado, con una nutriente condición: “¡Es que los demás no son normales!, se chocan conmigo sin valorar que yo tengo también las mismas necesidades.”

Siempre he dicho que no quiero que la gente me tolere. Tolerar es darte igual. Es dejar de importarte el acceso a lo que soy en realidad. Es conformismo con lo que pienso que debes de pensar.

Yo quiero que mi presencia sea un interrogante que interpele a los ideales que vertebran tu existencia. Y de ahí la insistencia en la necesidad de compartir con quienes no me son semejantes en el pensar y forma de existir.

Todas las personas tienen necesidades, deseos, ambiciones… en cuanto lo empecemos a ver, nos dará igual que seamos rojos, blancos o azules. Nada nos pertenece y en todo somos pasajeros, menos en lo que concierne a la trascendencia de nuestros actos.

El único cometido de nuestra afeliz presencia es aspirar a conocer(Le) sabiéndonos conocer. Cada persona tendrá sus herramientas y todas son válidas menos la de quienes utilizan el descrédito del otro para acreditarse. Reconocer la diversidad quizás sea el camino para empezar a reconocernos a nosotros mismos. Pues ¿ a ver quién podría prescindir de la diversidad para definirse sin resultar en la caricatura de sí misma, o?

La paciencia, perseverancia y buena palabra destacan por su escasez.







viernes, 25 de abril de 2014

Situación de los musulmanes occidentales: Valores


El contexto de las sociedades europeas y americanas ha desafiado a los musulmanes durante décadas, incluso les ha desestabilizado e invitado a volver a sus Textos y releerlos buscando un entendimiento nuevo, para asimilar mejor su sustancia, formular respuestas nuevas y proponer vías originales. Llevando a cabo un análisis de las fuentes escriturarias y de las obras de estudio clásicas, una parte sustancial del esquema que se había establecido de forma natural, gracias a nuestra experiencia de vida en las sociedades occidentales. No hay nada más normal que esto, es más, esta es la consecuencia lógica de la conexión que el mensaje del Islam mismo establece entre los principios universales que define y un razonamiento activo, que invita a considerar los principios y a actualizarlos en medio de las contingencias históricas y sociales.

Ahora necesitamos hallar la forma de utilizar estas fuentes fundamentales y sus herramientas en las sociedades occidentales, haciéndolas eficaces en la práctica. Pero, ¿podemos esbozar un proyecto, o una “visión” utilizando el sentido inglés de la palabra, para vivir el mensaje universal del Islam, con los instrumentos legales disponibles, y la realidad europea y americana? ¿A dónde vamos? ¿Dónde estamos? Antes de plantear más consideraciones, debemos echar un vistazo a la realidad a la que nos enfrentamos y hacernos otra pregunta central: ¿desde dónde partimos? La verdad es que es imposible hablar de una visión de futuro si no nos tomamos un tiempo para establecer, aún en términos generales, un inventario de los valores y las carencias de la situación actual de los musulmanes en occidente.

Valores

Algo extraordinario para acreditar esta nueva presencia es la rapidez con que se ha establecido tanto una conciencia del hecho como las semillas de nuevas soluciones a los problemas que esta presencia plantea. En pocos años, tanto en Europa como en América, las comunidades cuyos miembros eran de mayoría inmigrante se fueron agrupando, organizando, estableciendo varias organizaciones e instituciones y desarrollando un sentimiento de pertenencia, que fue a la vez extraordinario y dinámico. Es verdad que se podía pensar que era normal que los inmigrantes de las primeras generaciones intentaran preservar su religión y cultura, pero que, con el tiempo, sus hijos serían asimilados por, entre otras cosas, la fuerza de los acontecimientos. Pero lo que ha sucedido y le sigue sucediendo a un número significativo de estos descendientes es todo lo contrario: toman el testigo y continúan con lo que comenzaron sus padres y madres. Apreciamos con asombro que la práctica activa del Islam entre las mujeres y hombres musulmanes crece y que se están haciendo más y más “visibles.” Está pasando lo mismo con los “musulmanes nativos”: las múltiples Organizaciones Islámicas Afroamericanas (entre las que está la muy organizada y dinámica Sociedad Americana Islámica de WD Muhammad) y los numerosos conversos (o “los que han retornado”) están experimentando la misma tendencia positiva.

En cincuenta años, el aumento de la concienciación ha sido enorme, y las comunidades islámicas están dando testimonio de una pasión y entusiasmo renovados. La pasión es lo primero que analizaremos, pues adolescentes, estudiantes, y padres, pertenecientes a todos los orígenes y edades, siguen cursos regulares de religión, árabe, incluso de historia y cultura. La demanda por lo general excede lo que las instituciones islámicas pueden satisfacer. Algunos llegan incluso a viajar al extranjero buscando años de instrucción, habitualmente en universidades islámicas o por el contacto directo con académicos de renombre. Estas realidades apuntan a otro valor consecuente: los niños a menudo saben más sobre el Islam de lo que sabían sus padres, y ese conocimiento es más extenso por el deseo obvio por aprender que tienen estas jóvenes generaciones. Se multiplican exponencialmente las traducciones de trabajos clásicos y la producción de libros, videos, audio, el acceso a Internet y a las redes sociales… y en todos los idiomas. Las realidades occidentales, como hemos dicho, fuerzan a los musulmanes a reflexionar sobre sus Textos en este contexto. Y hay  cada vez más iniciativas por parte de los ulemas, intelectuales y los líderes de las organizaciones para moverse en la dirección de este enfoque contextualizado. La gente busca, se hace preguntas, experimentando en los niveles educativos, sociales, políticos y culturales: vivimos una época de profunda agitación y transformación intelectual. Podemos hablar de una “revolución silenciosa” que se está gestando dentro de las comunidades islámicas occidentales, porque el dinamismo, los movimientos en alza, y las perspectivas innovadoras son ya realidades tangibles y sorprenderán, ciertamente, a los observadores que le prestan poca atención a estos movimientos… pues son demasiado lentos para atraer los medios de comunicación, pero extraordinariamente rápidos para tan corto periodo de tiempo.

Un tercer y notable valor es sin duda la aparición de una concienciación de ciudadanía en todos los países donde los musulmanes llevan años viviendo –notablemente en Francia, El Reino Unido, y Los Estados Unidos.– En la práctica, es cuestión de una conciencia afinada e interna. Conciencia de la ley y de las instituciones en un estado basado en la regla ésta. Ya no se trata sólo de promocionar el derecho al voto (que es en sí mismo un valor noble), sino de reclamar los derechos de ciudadanía, siendo consciente al mismo tiempo de las responsabilidades de uno y de sus obligaciones. En estos tres países, más que en cualquier otro lugar en este momento (aunque hay signos de que movimientos de ciudadanía están creciendo en otros países también), los ciudadanos musulmanes participan a varios niveles de la vida social y política y a veces no dudan en pedir el debido respeto a su religión y/o orígenes como partícipes de una sociedad que es, al fin y al cabo, la suya. Este movimiento aún se encuentra en su infancia pero la dirección que está tomando es de especial interés.

Uno de los valores de los de mayor importancia es el de la nueva y fuerte participación de las mujeres en el proceso de una asimilación y afirmación de la identidad. Estando cada vez más instruidas y con más experiencia, algunas son más capaces de contribuir en el área de las regulaciones religiosas y las adaptaciones culturales y participan en debates religiosos, sociales y culturales, llegando a tener un acceso significativo al liderazgo. Este movimiento es evidente en occidente, y muchas mujeres, si bien afirman su adhesión al Islam a través de su estilo de vestimenta, hacen que se les escuche y participan en discusiones tanto sobre las llamadas “auténticas ideas islámicas” de sus correligionarios (hombres y mujeres), como sobre las miradas superficiales, y muchas veces ofensivas de sus conciudadanos.

viernes, 11 de octubre de 2013

El estilo de discusión del profeta Abraham con su padre

«No invoques a otros dioses junto con Dios si no, serás castigado. Advierte a los miembros más allegados de tu tribu.» (Corán: 26/213-214) 

El mejor ejemplo de este comportamiento es el que tuvo el profeta Abraham, primero con la invitación de su padre, intentando explicarle que la oración debe dirigirse únicamente a Al·lâh y no a la sordera de unos ídolos elaborados con artesanía humana. Siguió un método sabio que no dejó de lado la amabilidad, elocuencia y elegancia. El Corán nos recuerda su invitación a su padre Azar en las siguientes aleyas:  

«Cuando dijo a su padre: “¡Padre! ¿Por qué sirves lo que no oye, ni ve, ni te sirve de nada? ¡Padre! He recibido una ciencia que tú no has recibido. ¡Sígueme, pues, y yo te dirigiré por una vía llana!” » (Corán: 19/42-43) 

Entendemos del estilo de apelación de Abraham a su padre enseñanzas importantes, considerando;

  • La persona a la que se destina la invitación se debe tratar con la mayor delicadeza y fragilidad y debe seguirse un estilo fácil, cercano y claro;
  • La paciencia a la expectativa de sus reacciones independientemente de su Ego, fuerza o poder.
Hay una similitud relevante en el estilo que contempla Abraham con respecto del que siguió Moisés tras él al invitar al Faraón de la época a su fe. Este faraón cumplía con esas características antes mencionadas (ego, poder y fuerza). Dios le dirigió estas palabras a Moisés: «¡Hablad con él amablemente! Quizás, así, se deje amonestar o tenga miedo de Dios». (Corán 20/44).

La invitación de Abraham a su padre aparece en forma de diálogo: 

«Cuando dijo a su padre: "¡Padre! ¿Por qué sirves lo que no oye, ni ve, ni te sirve de nada? ¡Padre! He recibido una ciencia que tú no has recibido. ¡Sígueme, pues, y yo te dirigiré por una vía llana! ¡Padre! ¡No sirvas al Demonio! El Demonio se rebeló contra el Compasivo. ¡Padre! Temo que te alcance un castigo del Compasivo y que te hagas, así, amigo del Demonio.” Dijo: “¡Abraham! ¿Sientes aversión a mis dioses? Si no paras, he de lapidarte. ¡Aléjate de mí por algún tiempo!” Dijo: “¡Paz sobre ti! Pediré por tu perdón a mi Señor. Ha sido benévolo conmigo. Me aparto de vosotros y de lo que invocáis en lugar de invocar a Dios, e invoco a mi Señor."» (Corán 19/41-47)

En estas aleyas que narran lo que tuvo lugar entre el profeta Abraham y su padre se establecen diversas enseñanzas siendo la primera su grado de correlación con Al·lâh y su confianza en Él. Pues ha invitado a su padre a adorar a Al·lâh aun peligrando su vida y su relación con su progenitor, familia y tribu. Sacrificó todas las ventajas y beneficios que tenía asegurados por su estatus social. Se enfrentó a ser expulsado de su sociedad, al quedarse con el rango de persona non grata.

A pesar de todo ello, no abandonó su postura e invitación porque estaba seguro de que Dios le conducía al mejor camino, que le ayudaría y le guiaría hacia lo correcto siempre. Esto era lo que inspiraba quietud, tranquilidad y seguridad en su corazón.
Consagrándole como ejemplo de confianza en Al·lâh, de muestra de compromiso y fidelidad total a Dios. Además de que sus reacciones no contenían tensión ni invitaban a la confrontación, sino que lo pudo albergar todo en un corazón generoso y paciente. Y siguió dirigiéndose a él con el respetuoso apelativo de “padre” a pesar de la animadversión y negación que mostraba aquel.  

Mantuvo siempre el respeto y la mejor intención con su padre. Con un estilo lleno de compasión, generosidad, y cariño, invitándole a creer. Cuando no encontró remedio ni corazones que escucharan al suyo, abandonó en dirección a Él.  

Aplicando el lema de “El amor se da en Dios y el desencuentro también se da en Él.” «El Profeta y los creyentes no deben pedir el perdón de los asociadores, aunque sean parientes suyos, después de haber visto claramente que morarán en el fuego de la gehena. El perdón que Abraham pidió para su padre no fue sino en virtud de una promesa que le había hecho; pero, cuando vio claramente que era enemigo de Dios, se desentendió de él. Abraham era, ciertamente, tierno, benigno. » (Corán: 9/113-114) 

Observamos en la relación del profeta Abraham con su padre Azar la insistencia de este último en el asociacionismo (shirk) hasta el límite de amenazar a su hijo de muerte, a pesar de haberlo engendrado, criado, educado… y del vínculo tan fuerte que mantenían, y a pesar del respeto y consideración que le mostró Abraham a lo largo de su invitación. Esta agresividad en el trato por parte del padre se debe a que Abraham negaba sus deidades y desmontaba la religión que seguían y la conservaba su invitación a abandonar sus prácticas de asociacionismo que había mantenido durante su vida, para creer en el Dios Único. Queda manifiesta aquí la personificación de la injusticia, la crudeza e intimidación que llegó a la amenaza con apedrear a su propio hijo. 

«Llama al camino de tu Señor con sabiduría y buena exhortación. Discute con ellos de la manera más conveniente. Tu Señor conoce mejor que nadie a quien se extravía de Su camino y conoce mejor que nadie a quien está bien dirigido. » (Corán 16/125)

El ego no entra en razón con la fuerza ni con la coacción sino con la fragilidad en el trato y los buenos modales.
No todo el mundo tiene sabiduría «…Y quien recibe la sabiduría recibe mucho bien... » (Corán: 2/269) No todo el mundo tiene la capacidad de enfocar la invitación desde la sabiduría (conocimiento propio, de Él, conocimiento de la sociedad, del estado de las gentes…).

La historia del profeta Abraham, y las enseñanzas que cada persona pueda sacar de ella, nos invita a dejar de participar en discusiones vacuas, donde sólo se discuten las posiciones de las personas, donde cada cual se apropia de valores y pertenencias universales; dejando de lado nuestra pertenencia al Más Alto, al Justo, ya que «...Tu Señor conoce mejor que nadie a quien se extravía de Su camino y conoce mejor que nadie a quien está bien dirigido. » (Corán 16/125).

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miércoles, 9 de octubre de 2013

Fidelidad y entrega a la luz de las enseñanzas de Abraham

Nos encontramos en días de peregrinación y reflexión, días que preceden a ‘Îd al-Adhâ (la Fiesta del Sacrificio), en conmemoración de la historia del profeta Abraham (paz y bendiciones)… Pero ¿dónde queda nuestra preocupación por la fidelidad que mostramos en nuestros actos? ¿Los llevamos a cabo desde el corazón o desde el cumplimiento con una tradición de más de 6000 años de antigüedad?  ¿Satisfacemos las necesidades de nuestro Ser? ¿Cumplimos con nuestra fidelidad al mensaje? ¿Qué consecuencias tendría la falta de conciencia en nuestra fidelidad para el trato con la humanidad como un todo? 

“Y, cuando éste alcanzó la edad de acompañarle en sus tareas le dijo: «Hijo mío, he visto en sueños que te sacrificaba. Considera tu parecer» Dijo: «Padre ¡Haz lo que se te ordena! Y si Al·lâh quiere, encontrarás en mí a uno de los pacientes»”. (Corán: 37/102) 

Tanto Abraham como su hijo manifiestan la entrega total al Señor de los Cielos y de la Tierra. Una sinceridad previa a este momento en que reciben un mandato divino con el que se reta esta fidelidad.
La historia culmina con la revocación del mandato, sustituyéndolo por otra revelación: el sacrificio de un cordero.

Pero es un momento glorioso que podría representar otros tantos en la vida de la humanidad. Momentos en los que nos encontramos en la encrucijada de decidir si ser y permanecer fieles a aquello que nos vertebra o satisfacer el antojo de las necesidades coyunturales. Momentos en los que tenemos que poner en una balanza nuestros intereses personales contrastando nuestra realidad con nuestros actos, sus consecuencias y la vía que queremos seguir. Un momento para reformar y cuestionar nuestras intenciones y las Motivaciones de nuestro trabajo.

La parábola nos deja con otro signo de la Generosidad, Rahma y Cercanía Divinas, al revocar un mandato con el que sabía que sus fieles cumplirían. Pero que quiere plasmar en los anales de la historia para contemplación y meditación de las generaciones venideras. Constituyendo una muestra más de Su Generosidad para con el género humano.

Tanto Abraham como su hijo manifiestan su certeza en su pertenencia a Dios, ya que no cuestionan Su mandato sino que lo obedecen. En nada cambiaría permanecer en el mundo o dejar de hacerlo, ¡pertenecemos a Al·lâh! Dios nos recuerda: me pertenecéis con todos vuestros actos, a Mí volveréis y no controlaréis vuestra existencia. Donador de la vida y la muerte que son el eje de esta, cualesquiera que sean las posesiones que el nuestro Ego materialista acumule, todas se desvanecen al decir que “mi vida y mi muerte pertenecen al Señor del Universo”. Tanto el profeta Abraham como su hijo optaron por la fidelidad en el cumplimiento con su deber, puesto que Le pertenecemos, ¡hagámoslo cuidando de nuestra fidelidad!

Nuestra sinceridad y responsabilidad nos llevan, por estas fechas, a esto: no puede haber fidelidad sin una preocupación real y constante por todos nuestros los seres creados. De repensar nuestra forma a la hora de gestionar esta enseñanza, traspasando las fronteras formales para alcanzar el verdadero espíritu de esa donación, recordaríamos que no puede haber fe sin preocupación por la humanidad. El profeta Muhammad (SAAWS) recomendó ofrecer un tercio del sacrificio habitual al finalizar esta semana de reflexión, a los necesitados y a quienes no puedan celebrarlo. No se trata sólo de mostrar solidaridad, ayudando a los necesitados, sino también de mostrar respeto ayudando a las personas a ser autónomas para liberarse de la caridad de los demás: son fechas para tener en cuenta temas como el hambre en el mundo, la necesidad de los necesitados,… celebrar la fiesta del Sacrificio no precisa del sacrificio en sí, sacrificarse invirtiendo en un rescate más humano, más englobador... manifestando explícitamente esa pertenencia a Él.

Tenemos que reformar y cuestionar las intenciones de nuestros actos haciendo que partan y amplifiquen el alcanza de nuestra fidelidad. Haciendo de cada obra, una de corazón.

Nuestra intención en esta celebración tiene que estar ligada al acto (en este caso la voluntad de los profetas Abraham y su hijo). Hacernos recordar y reflexionar sobre la enseñanza última de tal parábola para traspasar sus manifestaciones familiares, culturales, añadidos sociales… y alcanzar la Intención que nos motive a convertir este acto en espiritualidad sincera.

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lunes, 7 de octubre de 2013

Abraham y su idea medular

Para entender la persona que es el profeta Abraham, habría que remitirse a sus vivencias. Vivió en sitios diferentes y pasó por diversas etapas. Empezó a sacrificarse por su idea central que suponía lo más importante para él y que fue el eje de su entendimiento: la obediencia de Al·lâh (SWT).

La vida del profeta Abraham se puede dividir, intentando comprender mejor sus enseñanzas, en:


I- Primera etapa: empezó cuando él tenía 16 años con acciones como:

- Invitar a su padre a adorar a Dios;
- Invitar a su pueblo a lo mismo y a despojarse de los ídolos;
- Destruir esos ídolos a los que adoraban;
- Ser arrojado al fuego como castigo por su acto.

II- Segunda etapa: la continua migración entre distintos países

- Enfrentarse al rey Nemrod: Abraham le invitó a creer en Dios, acto por el que el rey le echó de sus tierras, pues se trataba de un tirano que gobernaba con crueldad pero que temió castigar a Abraham tras habérsele dicho que le habían arrojado al fuego sin que este pudiera quemarle. Pensó que se trataba de un hechicero y lo dejó marchar;
- Emigrar de Mesopotamia a la actual Siria;
- Emigrar de Siria a Egipto;
- Emigrar de Egipto a Palestina;

¿Por qué ofreció Abraham su estabilidad, su dinero llegando a sacrificar a su propia familia? Todas sus componentes no fueron lo más importante ya que no podrían albergar su idea medular. La idea que había profesado y para la que había vivido fue la de conseguir la satisfacción y bendición de Dios, transmitiendo el espíritu del Tauhîd a sus congéneres y a la humanidad como un todo. 

III- Tercera etapa: su vejez

- Abandonar a su esposa Hagar y a su hijo Ismael en el valle de la Meca: los ha dejado en el desierto, abandonando a un hijo que le había sido otorgado por Al·lâh siendo un anciano. Dios le hizo elegir entre Él y su hijo;
- La historia del sacrificio del mismo hijo;
- La construcción de la Ka’ba;
- Su muerte.

Desde los dieciséis años, antes de que fuera arrojado al fuego por impostor para ser salvado por Al·lâh (SWT), emigró de un país a otro. Tras tener un hijo, Dios le ordenó el abandono de estos en el desierto y le pidió que se trasladara a otro lugar para construir un templo en él… desafíos y pruebas para nuestro profeta Abraham. Por eso y por la forma en que se dejó llevar, fue elegido ejemplo y modelo a seguir para la humanidad.

Conclusiones de su idea medular

Y cuando su Señor probó a Abraham con ciertas órdenes, al cumplirlas, dijo: "Haré de ti guía para los hombres". (Corán 2/124).

Al·lâh puso a prueba al profeta Abraham y cuando las hubo pasado todas, le hizo saber que se le había concedido una posición que merece como modelo para la humanidad en su conjunto: "...«haz que seamos modelo para los temerosos de Al·lâh!»" (Corán 25/74). Dios le convirtió en imâm para toda la humanidad “Abraham fue una comunidad, devoto de Al·lâh, hanîf y no asociador" (Corán 16, 120). Una de las interpretaciones de la aleya es que su mérito equivale al de toda una comunidad (Umma). De ahí que cuando rezamos nos acordemos de dedicarle rezos de la misma manera en que lo hacemos con Muhammad (SAAWS).

¿Cuál es nuestra propia idea medular? Esa que debería dirigir nuestros pasos “Dios tomó a Abraham como amigo” (Corán: 4/125). Dios lo elevó a la categoría de amistad por su entrega y fidelidad. Fue generoso en su vida y lo dio “todo” para conseguir Su Complacencia y Bendición.

Destrezas que podemos aprender de la vida del profeta Abraham

1- El arte de dialogar y trata con/a los demás. "Cuando vio la luna que salía, dijo: «Éste es mi Señor». Pero, cuando se puso, dijo: «Si no me dirige mi Señor, voy a ser, ciertamente, de los extraviados». Cuando vio el sol que salía, dijo: «Éste es mi  Señor! ¡Éste es mayor!». Pero, cuando se puso, dijo: «¡Pueblo! Soy inocente de lo que Le asociáis. Vuelvo mi rostro, como hanîf, hacia Quien ha creado los cielos y la tierra. Y no soy asociador»". (Corán 6/77-79)

Cuando preguntó a su pueblo por su dios y le respondieron que era el sol, no se enfadó ni s les recriminó. Sino que esperó a que se hiciera de noche y les inquirió preguntando por Dios porque le quería rezar. Ingenió un método para poder transmitir su discurso buscando descifrarlo conforme lo transmitía. 

"Dijeron: «¡Abraham! ¿Has hecho tú eso con nuestros dioses?» «¡No!» dijo. «El mayor de ellos es quien lo ha hecho. ¡Preguntádselo, si es que son capaces de hablar!»" (Corán 21/62-63)

Cuando, contando los dieciséis años, entró al templo para derribar los ídolos, al reunir a los miembros de la aldea, y preguntar por quién había sido el osado, les sugirió que preguntasen al que tenía mayor tamaño y preponderancia (lo había reservado para tal fin), dejando que se percatasen ellos mismos del abismo en el que se hallaban sumisos con semejantes formas de culto.
Es racional y conserva una conversación agradable que se conduce según la situación de quienes le acompañan.

2- La buena iniciativa. "Su pueblo disputó con él. Dijo: «¿Disputáis conmigo sobre Dios, a pesar de haberme Él dirigido? No temo lo que Le asociáis, a menos que mi Señor quiera algo. Mi Señor lo abarca todo en Su ciencia. ¿Es que no os dejaréis amonestar?" (Corán 6/80).
Tuvo la iniciativa de enfrentarse a toda su comunidad, a todo un pueblo rebatiéndoles en pos de manifestar Unicidad del mensaje de Dios (At-Tauhîd). Todo ello con dieciséis años.

Se enfrentó a las emociones colectivas que valoran unas ideas y estigmatizan otras, con la excusa de que son de las masas, sin ningún interés por buscar la complejidad o la contemplación de esta para la consideración de los objetivos.

3- Su tratamiento del Yo (Nafss-Deseo). “Y, cuando éste alcanzó la edad de acompañarle en sus tareas le dijo: «Hijo mío, he visto en sueños que te sacrificaba. Considera tu parecer» Dijo: «Padre ¡Haz lo que se te ordena! Y si Al·lâh quiere, encontrarás en mí a uno de los pacientes»”. (Corán: 37/102) 

Doblega sus deseos personales (como lo pueden ser el estar con su deseado hijo, mantener sus propiedades y hacienda…) por el cumplimiento con Su Mensaje. Pues sabe planear y establecer las prioridades para alcanzar su meta. Sacrificó un anhelo personal que había pedido y esperado por el cumplimiento con lo que Dios le tenía dispuesto. No dudó del cometido de semejante mandamiento, con esa certeza que caracterizó su pertenencia al Más Alto.