jueves, 28 de octubre de 2010

¿Ha fracasado el multiculturalismo?

"El multiculturalismo ha fracasado en Alemania." El 17 de octubre nos despertábamos con este brillante titular de la cancillera alemana. Quien flaco favor le hace a los ideales de sociedad democrática plural. Ya que entendemos que este plural se refiere a las miniculturas que conforman una sociedad avanzada.

Parece que el multiculturalismo podría significar muchas cosas dependiendo de la persona a la que preguntes. Pues para algunos se tratará de la ausencia de racismo, de compartir culturas divergentes, de la mezcla de etnias con pieles claras y oscuras, etc. Pero ¿a caso el multiculturalismo es la mezcla de culturas en un mismo contexto geográfico o es la coexistencia de éstas sin que convivan? Tomaremos el modelo inglés como ejemplo.

Nos referimos al multiculturalismo en Gran Bretaña porque los ingleses llevan muchos años conviviendo con extranjeros que se han acabado convirtiendo en autóctonos y no tienen ninguna censura en lo que a formas de vida o planteamientos ideológicos se refiera. El modelo inglés prevalece sobre los demás planteamientos europeos por su falta de restricciones y porque la población manifiesta que “el multiculturalismo hace del país un sitio mejor.” Vamos a ojear los resultados de una encuesta de la BBC en la que participaron 1004 ingleses y 204 ingleses musulmanes:
 
El 89% de los musulmanes manifestaron sentirse orgullosos cuando la selección inglesa de fútbol queda bien en competiciones internacionales. Siendo un porcentaje similar al de los nativos.

La encuesta deja ver una similitud grande entre los dos grupos, estando de acuerdo con que los inmigrantes aprendan inglés y acepten las autoridades inglesas.

Ambos grupos apoyan la expulsión de quienes promocionan el terror y usan métodos tales como el arresto domiciliario. En lo que se dividen más es en cualquier cambio sustancial en lo que concierne a las libertades civiles a nivel oficial en el país.


El estudio también contempla que los atentados del 7 de julio no han conllevado un incremento de la intolerancia racial.

Ponemos este ejemplo porque, como la experiencia inglesa demuestra, este multiculturalismo no es un fenómeno nuevo en Europa. Inmigración ha habido siempre pero se ha acentuado con la reconstrucción que necesitó Europa después de las guerras mundiales. Todos conocemos los motivos que hicieron necesaria la mano de obra extranjera, tanto en Alemania como en el resto de países de la Nueva Europa. Pero, ¿qué hacemos con los extranjeros que se quedan a vivir con nosotros? 

La mayoría de los inmigrantes que vinieron y siguen viniendo a Europa han dejado de pensar en volverse a sus países de origen. En parte, porque esos países tienen ya poco que ver con sus ideales. Cuando nos trasladamos a la situación de los descendientes de estos inmigrantes, la problemática se acentúa aún más. Ellos no eligieron venirse a Europa, han nacido aquí. Para ellos sería impensable el hecho de trasladarse a sus países, porque están viviendo en sus países. 

Estas manifestaciones de culturas que aparecieron en Europa, distintas en su forma  y esencia de las que habían existido siempre, enriquecen al Viejo Continente porque le aportan nuevas percepciones de la realidad, nuevas formas de convivencia y suman valores que no se conocían en estas sociedades.  

Por todo ello, la declaración de Angela merkel es chocante. Se deshace de todo el esfuerzo que han realizado los inmigrantes por asentarse y muestra poco reconocimiento por las políticas que los estados emprenden con el mismo fin. Si pretende con esta afirmación hacer que los inmigrantes cambien la forma que tienen de integrarse, no va por buen camino porque lo que consigue es que se retraigan en sus culturas minoritarias, dejando de tener un rol activo en la cultura dominante. Su declaración se contradice desde el inicio y muestra la clara crisis de identidad que está sufriendo Europa. No es momento para ejercer y fomentar la exclusión y la xenofobia, es hora de reconocer y aceptar el cambio en nuestras sociedades; abriendo más espacio para el acercamiento, entendimiento y debate entre las distintas partes. Necesitamos políticas inclusivas y no el contrario.

En esa misma semana, Özil (jugador turco-germano del Real Madrid y de la Selección Alemana de Fútbol), a quien Angela Merkel había citado como ejemplo de integración por haberse acoplado a los ideales europeos; marcó un gol e hizo el gesto de la media luna con la mano. Un gesto lleno de significado mediante el que reclacaba sus múltiples pertenencias y se deshacía de la justificación de su éxito profesional y personal con la pertenencia a un estado que no es capaz de reconocer la riqueza cultural que alberga.

La diversidad en nuestros países no es ni una bendición ni una maldición. Simplemente es una realidad que conlleva una labor prolongada de educación cívica para saber convivir de acuerdo a lo que pensamos sin dañar los sentimientos de las personas que consideramos distintas. De manera que esta diversidad se convierte en un manantial de riquezas y sufrimientos. Riquezas, si la sabemos aprovechar y sufrimientos, si nos dedicamos a buscar lo que nos separa del resto en vez de prestar atención a las cosas que tenemos en común.

No podemos evitar la referencia a un concepto que aparece en Identidades asesinas, libro de Amin Maalouf, siendo un autor francófono de origen libanés galardonado receintemente con el Príncipe de Asturias de las letras. El concepto de “tribus planetarias” que tiene que ver con la globalización del mundo y el bagaje que llevamos cada uno de nosotros en este complicado entorno. Se trata de un bagaje cultural aunque hayamos dejado de vivir en tribus, que se han hecho planetarias porque cada uno porta sus ideales, pertenencias, religión… y divaga por el mundo. Por ello tenemos que sentir que somos parte de todas las culturas porque estamos inmersos en todas ellas a la vez. Nos hallamos en un mundo de transacciones culturales, donde seguir un solo patrón cultural se plantea como un sin sentido, que conllevaría una inminente dictadura intelectual.

Ninguna cultura es pura de por sí. Sino que se ha esculpido en base a los contactos con otras. Nuestros números occidentales vinieron desde la lejana India en caravanas árabes. Santo Tomás de Aquino conoció a Aristóteles gracias a las traducciones y aproximaciones de Avicena y Averroes, y ahora forma parte del compendio cultural europeo sin que nadie se pregunte por el porqué. Sería estúpido dejar de enriquecerse, tanto a nivel individual como colectivo, por falta de fe en un proyecto de integración. Falta de fe que resumen con el rezo “el multiculturalismo ha fracasado en Alemania.” Es simplemente ridículo y demuestra poca confianza y reconocimiento por el encomiable esfuerzo porque se les considere iguales al resto, que realizan los que nacen aquí, pero no son considerados de aquí. El multiculturalismo es el reconocimiento y respeto por la diversidad cultural. Si Angela Merkel pensaba que los inmigrantes se irían tras trabajar por su país, es contradictorio el que desarrollaran políticas de integración. En este caso, el hecho de querer integrar parte de los ciudadanos en una misma sociedad con múltiples pertenencias suena demagógico y nada coherente.

Este discurso también demuestra una crisis de identidad europea. Los políticos se aferran a cualquier argumento para tranquilizar las preocupaciones de sus congéneres y hacer latente una estabilidad cultural inexistente. El modelo occidental, pese a su victoria, pese a que extiende su influencia por todos los continentes, se concibe como un modelo en crisis, incapaz de resolver sus propios problemas. Problemas como la pobreza en sus metrópolis, la delincuencia, el paro, la pérdida de valores, entre muchos otros.

El multiculturalismo es el reconocimiento y respeto por la multiplicidad de culturas en un mismo contexto geográfico. Diciendo la señora Merkel que este reconocimiento ha fracasado, saca un problema de donde no lo había; diciendo que no lo respeta, un problema mayor si cabe porque no respetaría los valores sobre los que se han fundado nuestros países bajo los lemas de igualdad y de más pancartas partidistas. Hay que repasar las ideas antes de intentar ser fidedigno con lo que se piensa y dice, porque si no, caemos en contradicciones superlativa.

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