domingo, 30 de diciembre de 2012

Corazones velados

1- Un primer despertar

Deben de ser las 5. Pues aún no hay ningún hombre legañoso por aquí. Me pregunto si en las estaciones de hoy estará la misma gente. Asumo que sí porque se trata siempre de recoger para volver a dejar a personas que no te sienten. Me atrevo a decir que ni se sienten a sí mismas.

¡Qué cosquilleo! Es el maquinista que me toquetea como si mi cuerpo fuera propiedad suya. Siento el impulso de caminar y me dejo llevar porque hay quienes me esperan. Partimos aun sin estar conforme con la incomodidad que me supone tener que ajustar mis largos y caminados brazos a unos raíles de 1,43 metros. ¿A quién se le habrá ocurrido semejante barbaridad? ¿No han visto lo grande y longevo que soy?... en cualquier caso, hay quien me espera y no me apetece dejarle esperar.

2- Comunidad de jueces

Arribamos a la Estación. Mucha gente, no parece ser demasiado distinta, es la de todos los días. Se suben, bajan en una y otra estación, dirigiéndose a sus respectivos objetivos.

A primera vista es gente que no se conoce, pero tan pronto como aprecian que empieza a llover, comienzan a dirigirse palabras con demasiada familiaridad. Una mujer aprovecha esas gotas del jugo de las nubes para preguntar a la de su derecha por sus compras navideñas. Una tercera se suma diciendo que se irán a Praga, ya que no hay navidades mejores que las centroeuropeas, 'me encanta la estampa de la nieve, ¡todo tiene un espíritu tan navideño!' Hay mucho ruido y parece que la gente navega por un mare mágnum de emociones colectivas. Hablan de las compras, de los gastos, de lo felices que somos.

Pero también hay otros que van solos. No hablan porque parecen concentrados en la lectura. A ver, El símbolo perdido, El método Dukan (para los que se preparan para las vacaciones de verano), El ángel perdido… siempre los mismos. ¡Cómo me aburre tener que leer siempre lo que se vende en todas las librerías!… ¡¿no habrá algo más interesante?!

Llegamos a la siguiente parada. Dejo que me abran las puertas para que bajen los que se quieran ir. Hay otro tren en el andén a mi lado. Le saludo y espero a que salga para seguir con mi camino. Oigo los comentarios de la gente: '¡Ya les vale! ¿Por qué no cambian este vetusto tren?'

Se acaba de presentar con esto la Comunidad de jueces: gente que te compara siempre respecto de otro, sin entrar a valorar si estoy cumpliendo rigurosamente con la función que se me ha encomendado. Los dejo donde quieren, puedo volver a portarlos cuando lo necesiten. Pero no soy tan moderno como el otro y por eso me jubilan.

Incluso cumpliendo con mi función, quieren que tenga ese añadido de “bonito” que les ha acabado consumiendo.

Por fin un título interesante: Tiempo de romper, tiempo de coser. Lo lleva una chica cuyos libros me han llamado siempre la atención. Parece discreta, como si no quisiera llamar mucho la atención del resto aunque todos la miren. Lleva un velo por lo que la llaman, sigilosamente, “La chica del velo”. Pero lo que más me llama la atención no es su conjuntada tela, sino el libro que porta y que se pone a leer nada más conseguir un asiento. Se dedica a escribir en el libro. Tengo mucha curiosidad por saber lo que escribe, y lo leo al igual que leía el resto. Son palabras sueltas: “libertad, filosofía, religión, mujer, etiquetas, resistencia…” no entiendo por qué escribe pero como lo que hace es distinto, me llama la atención. Nunca he tenido tiempo para leer en detalle todo cuanto querría.

3- Libertad amputada

Llegado al destino, me abandona esa Comunidad de jueces que me comparaba.

El maquinista me va rondando y gruñe tras "ver" algo que etiqueta como avería. Yo me siento bien, aun cansado. No me duele nada pero él dice que he sacado uno de mis brazos que ‘no han respetado’ el ancho de la vía. ¿Acaso ha respetado alguien mi anchura? Oigo: '¿No sabes que los raíles miden 1,43? ¿Por qué ensanchas tus malditos brazos? Lo llevamos para el “eléctrico-cardiograma”’.

Nadie me dirige la palabra, no sé lo que es esa cosa eléctrica pero asumo que no tiene nada que ver con la comida que me dan para que camine a diario.

El Maquinista está muy alterado, es seco y rudo y creo que no sabe que soy capaz de oírle. Utiliza un lenguaje muy callejero.

Claro que sé cuál es la distancia que separa los raíles. ¿No recuerdas  mi entrega y la fidelidad a este servicio… a la gente?, ¿mis años de profesión y largo kilometraje…?

Llegan otros señores que examinan esa parte de mi cuerpo centrándose en los brazos de esa parte. ¡Menuda agresividad en el trato! ¿Qué me hacen? ¡Me duele! Tiran de ella. Intento gritar y lo hago con todas mis fuerzas. No me oyen...

Me han amputado esa parte de mi cuerpo, mostrando un comportamiento falto de toda fragilidad. Les oigo vociferar ‘Ya está listo para seguir ¡A seguir trabajando! ¡Esta chatarra aguanta unos años más!’

Descanso. Pero me duele esa parte de mí que me han eliminado sólo por haberse ensanchado y liberado.


4- Vetusta modernidad

Continúo, dolorido, con el servicio. ¿Por qué me quitan una parte de mí? ¿Será porque habrá dejado de cumplir con sus criterios de productividad y competitividad? Como me salgo de los raíles porque no me quiero adaptar a sus medidas, me tienen que amputar lo que se sale. No es justo. ¿No llevaba a las gentes en mi costado sin que me importara que ellos fueran de una u otra manera?

Me pregunto si el maquinista sabe el porqué de tanta insistencia en que deje de llevar mis brazos por unos raíles donde ni siquiera cabrían mis aspiraciones.

¿Cómo pretenden entonces que conduzca por allí mismo mis años, experiencia, anhelos, los libros que ojeo…? No sé si saben que esa distancia (1,43 metros), tanto de los raíles de ese tren que era más moderno como de los míos fue establecida por los romanos. Y nosotros, pobres ignorantes, no formulamos preguntas sino que esperamos a que los secretos del mundo se abran genuinamente a nosotros.

Resulta que cuando construyeron los primeros vagones de tren, usaron las mismas herramientas que se utilizaban para la construcción de los carruajes.

¿Por qué los carruajes tenían esa distancia entre las ruedas? Porque las antiguas carreteras se hicieron con esa medida, ya que sólo así podrían circular esos mismos carruajes.

¿Quién decidió que las carreteras deberían hacerse con esa medida? Y he aquí que, de repente, llegamos a un pasado muy distante: los romanos, primeros grandes constructores de carreteras, lo decidieron. ¿Por qué razón? Los carros de guerra eran conducidos por caballos, y al ponerlos uno al lado del otro, los animales de la raza que usaban en aquella época ocupaban 143,5 centímetros.

De esta manera, la distancia entre los raíles sobre los que camino hoy y que utilizan tanto los trenes longevos como los modernísimos, fue determinada por los romanos.


5- Entre dos mundos y una pastilla para la felicidad

Estoy hastiado. La gente no muta de carácter ni de hábitos. Todos dirigiéndose a sus objetivos sin darse cuenta de mis gritos silenciados. Me falta una parte de mí que me han arrebatado porque optó por liberarse, porque no quiso seguir lo estipulado, porque quizás pasara al mundo real… Pero les oigo decir: '¡Mira ahora es más pequeño!, como no sustituyan el vagón que le han quitado no vamos a caber todos ¿te imaginas  que disminuyeran la frecuencia? ¡Con la prisa que llevo siempre!'

Me viene a la memoria, a raíz de estos episodios, la idea de un tal Hilary Putman, filosofo y matemático empirista estadounidense. Defendía que si se le diera a la gente a elegir entre tomarse una pastilla que les asegurara “la felicidad” aunque les privara del conocimiento, o dejar de hacerlo con la consiguiente pugna que define nuestras vidas, los humanos se quedarían con esa primera opción. La filosofía, decía él, se encarga de intentar averiguar el porqué de esta preferencia. ¿Por qué prefieren el olvido a la consciencia?

¡Qué realidad más pérfida!, cuán individualista se ha hecho nuestra condición. Recuerdo una lectura de algún libro en la que se afirmaba: “Hay dos tipos de mundo: aquel con el que soñamos y aquel que es real”. En el imaginario la gente a estas horas habla de mi parte amputada, de sus jefes y de lo mal que se portan, de los profesores y la manía que les tienen, de los sueldos, de sus compras, los hijos, padres…

¡Me he cansado! ¿Qué más dará que siga o lo deje? ¿Por qué tendré que obedecer las órdenes de un señor que ni conoce mi historia? En el mundo real se presenta la necesidad de mirarse al espejo. De conocerse, autodefinirse reconociéndose en los demás.

Igual viene la chica del velo y pueda leer algo de lo que porta.

Ya está, en esta parada se suele subir. A ver lo que lleva hoy. Tiempo de romper, tiempo de coser. Leo:

"...El pluralismo que vivimos es tal, que nos vemos en la necesidad de plantearnos si estamos hablando del mismo mundo, de las mismas preguntas o de la misma humanidad. Entretanto, en esta “villa global”, nuestro cada vez más pronunciado individualismo nos induce incluso a dudar del hecho de que haya cosas tales como la filosofía y el pensar meditado o a cuestionar los fragmentos de reflexión que hay tras los cálculos de nuestros anhelos de poder e intereses personales. ¿Y qué otra cosa podría hacer el ego del egoísmo si no?

Cuando salimos de nosotros hacia el otro, encontramos muchas similitudes, muchas cosas en común y muchos valores compartidos. El hombre es vulnerable cuando está perdido y encuentra rara vez satisfacción en su pérdida. Pero es bueno que el viajero se pierda de vez en cuando, que encuentre su camino de nuevo, que piense que ha entendido para percatarse finalmente de que no entiende, o que no entiende suficiente.
El objetivo de nuestro viaje ha de ser el viaje mismo… dicho de manera poética, se trata de un viaje que nos lleva lejos, hacia nosotros mismos…"

¡Qué rápido ha sido su trayecto! Ya le he abierto las puertas para que se fuera pero percibo sus pensamientos de manera muy cercana, siento que se ha dejado una parte de sí conmigo. Pero ¿qué puede ser? ¡Es el libro! Lo puedo seguir leyendo porque se lo ha dejado sin querer.

Pienso en la nostalgia que habrá de sentir cuando se percate de semejante falta. Pero en lo profundo de mí, me alegro de que se lo dejara. Ahora sólo falta que cuando yo llegue a casa para dormir de noche venga ese chico de carácter destemplado a quitarme las impurezas del mundo. Es un chico muy dejado y no se daría cuenta del libro dejándomelo para el resto de la noche.


6- Noche de lectura

¡No he dormido nada! Lo increíble es que no es sólo por el libro, sino porque este incluye notas que la chica ha ido dejando sobre lo que le inspira el libro, el mundo, lo que le inspiran las personas, lo que se inspira a sí misma:


"Creo en la rebelión consciente y responsable como única solución al estado actual de las cosas.
Me niego a asumir y bregar con lo que el mundo me impone. Y me rebelo. No quiero coincidir con los prototipos estamentados que se asignan en un mundo en el que yo podría funcionar (como parece que lo hace el resto), pero que no funciona en mí".



"Me siento observada. No sé en qué momento dejaríamos de hablarnos los unos a los otros para pasar a hablarles a los personajes cuya ficción nos ha transmitido el mundo. Pero yo no me velo al género humano sino que es este el que me separa.
Tenemos tanto que compartir, dialogar, hacer juntos… que cualquier encontronazo se presenta como un riesgo superficial que debemos asumir".



"Me rebelo contra ese entusiasmo comunitario consensuado que tiene a la preocupación y ocupación por las formas de protagonistas.
Cada uno es responsable de sus actos y no podremos transmitir nuestra oposición a los ideales de “mujer objeto” y a las formas que tenemos de vanagloriarnos con este tipo de comportamientos…"

"Me resisto como mujer, musulmana y feminista a seguir los dictados tanto de nuestras sociedades democratizantes; como de una comunidad que reduce sus enseñanzas al comportamiento de sus hijas. Cada uno debería contemplar sus motivos para poder operar sobre ellos".



"La consistencia en la acción está en la propia resistencia, en nuestra  propia consciencia.
Me rebelo contra las manifestaciones estipuladas por una comunidad de fe que no va más allá de las ataduras formales que parecen otorgarnos la ilusión del reconocimiento.
Me rebelo a vestir según los mandatos de nadie, ya que la normalización de mi situación puede derivar en el olvido de unas llamaradas que emergen desde mi más íntima coraza: “no eres un mero objeto…”
Me rebelo a esto último porque siento que tengo que observar mi humildad, oponiéndome a la vanagloria, a la autocomplacencia, al orgullo “de ser Yo”…"



"¡Sé que el camino es largo, hazme lo suficientemente fuerte!"

7- Autoliberación

Este acto de resistencia me cuestiona. Cuestiona mi comportamiento, mis actos e incluso la repercusión de las personas en mi vida. Siento un tenue lagrimeo agridulce.
Yo soy esta chica. Soy ella porque en sus notas habló por mí. Ha dicho lo que tanto había esperado oír decir a una persona. Sé que entendería mis motivos y que le dolería que amputaran esa parte de mí porque se haya soltado y liberado de esas ataduras sociales que nos consumen.

En un mundo, donde dominan las ilusiones y la ceguera potencial de las emociones colectivas, donde nos comprime la autocomplacencia, la hipocresía, el individualismo, el consumismo, y la bancarrota moral... hay una voz que se encuentra acallada. Etiquetada por nuestra falta de visión y por los vaniloquios de esa Comunidad de jueces...
Resisto por ella, resisto por mí, resisto por los que viajan en mí... 
Pero no me puedo quedar en la emoción o la ilusión de resistir... se trata de una postura que requiere de conocimiento de nosotros mismos, requiere de las aspiraciones más nobles de nuestros corazones llevadas a la acción.

...

Creo que serán las 5 de la mañana otra vez. Pero hoy ya sé cuál es mi cometido. ¿Por qué tengo que mostrar gratitud a las personas que me acompañan en mi viaje? ¿Por qué tengo que asumir que no encajo en los estándares actuales ajustándome a ellos? No lo haré y no me dejaré guiar hacia donde me lleven.

Llega esa persona legañosa otra vez, deben de ser las 6 ya (¡cuán corta se me ha hecho la noche!) Siento que me toca la boca, el abdomen… siento el impulso de caminar otra vez. Pero no lo hago… no quiero seguir.

Me siento libre. Asumo mi responsabilidad. Dejo de caminar hacia donde me guían y empiezo a caminar hacia mi persona porque me reconozco en ella. Tengo que romper para poder coser. No puedo pretender una revolución sin mutar de estado. Tengo que estar dispuesto a cambiar. ¡Y lo estoy!

Cuento con que me llamarán chatarra. Pero se tratará de una chatarra leal, consistente en sus ideas, constante en su reflexión.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Un universo de referencias

Los musulmanes se dirigen, en principio, a un universo de referencias que se elaboran y construyen en torno a cierto número de principios fundamentales. Por encima, y más allá, de la diversidad de sus culturas, la esencia de su fe, su identidad, su ser y estar en el mundo… es la misma. Pues se definen a sí mismos en base a ciertos puntos de referencia que explican su pertenencia a la misma comunidad de fe y al mismo tiempo, y a un nivel más profundo, les enraíza en el universo del Islam. Las a menudo complejas conexiones entre los principios comunes a todos y las formas de vida tan divergentes de las que nos damos cuenta rápidamente si visitamos los países musulmanes del África Negra, África del Norte, o Asía han llevado a algunos orientalistas y sociólogos a hablar de varios “islames” para poder tener en cuenta esta pluralidad cultural. Sólo un estudio en profundidad de las fuentes y de las ciencias islámicas puede capacitarnos para entender cómo, a lo largo de las variadas áreas geográficas, la unidad de los puntos de referencia y la diversidad de sus manifestaciones vividas se concretan y superponen. Existe un solo Islam y los principios fundamentales que lo definen son aquellos a los que todos los musulmanes se adhieren; aunque haya, envueltos en estos principios islámicos, un margen importante que permite la transformación y adaptación a los distintos contextos y ambientes sociales y culturales. Los musulmanes occidentales, al experimentar con el hacerse a nuevas sociedades, no tienen otra elección sino la vuelta al estudio de sus puntos de referencia para delinear y distinguir, en su religión, lo que es incambiable (zâbit) de lo que es apto para el cambio (mutaghayyir), y medir, desde dentro, lo que consiguen y pierden al estar en occidente. 

Se trata de un viaje largo, difícil y a veces, peligroso. Exige una inmersión profunda en el corazón de las fuentes y de las ciencias islámicas, así como un conocimiento del contexto occidental, su historia, y las dinámicas sociales, culturales, políticas y económicas que constituyen lo que podríamos denominar como sus especificaciones. Aún así, es un viaje imperativo para aquellos espíritus que quieren permanecer fieles a los principios de su îmân y ética, y que no son menos conscientes de los desafíos que deben afrontar en su tiempo y desde dentro de sus sociedades.  

De ahí que haya que desarrollar temas explícitamente teóricos. Otros son filosóficos intentando dar cierto sentido a este sinsentido que, en ocasiones, parecemos estar atravesando. Otras veces, son anécdotas que decidimos compartir porque enfrentamos situaciones que van estableciendo un paradigma de comportamiento que pensamos peligroso ya que se podría consagrar como “el comportamiento” a seguir ante determinadas agresiones y vejaciones.

Este Islam es universal y nos provee de los instrumentos para confrontar la diversidad y el cambio, tanto cuando el cambio es geográfico, como cuando es histórico o meramente cultural. Entender la universalidad del Islam es dar énfasis a los medios que se nos han ofrecido para vivir nuestro tiempo, en Occidente, observando el respeto a nosotros mismos y a los demás.

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sábado, 1 de diciembre de 2012

¿Educar para liberar?

La educación debería, en un estado ideal de cosas, facilitar nuestra búsqueda individual de significado. Ayudándonos a dar significado a nuestra presencia en el aquí y el ahora.  
Pero la inseguridad que muestran los niños y adultos a la hora de participar en la sociedad, aun habiendo recibido más información que generaciones anteriores, nos induce a pensar que no se ha enfatizado, en su educación, la utilidad de la reflexión. No se educa en valores sino en progreso, buscando siempre la productividad que vayamos a obtener de esa inversión en su enseñanza.

De ahí que la sociedad se obsesione con los resultados de su sistema educativo y no por el viaje mismo y lo que se aprende en él.

Muchas veces, los padres, intentando potenciar las capacidades de sus hijos, terminan mimándoles o relajándoles; quieren que sean personas realizadas pero se olvidan de los valores que les deben inculcar para hacer que disfruten del camino de la enseñanza, de su vida.

Así, vemos a padres que enseñan a hijos de 3 ó 4 años de edad palabras como "malo" en oposición a "bueno", "normal" en oposición a "rara", etc. Y una de las cosas más peligrosas de estas posturas es que ellos creen que lo hacen para evitar sufrimiento a su descendencia, sin darse cuenta de que al hacerlo, les están privando de experimentar la vida tan y como es, derivando en la inseguridad posterior a la hora de ser adultos.

La educación se lleva a cabo en casa y a la escuela vamos a adquirir conocimientos. Este hecho no inhibe al profesor de sus valores, ya que éstos acaban manifestando en su comportamiento con el alumnado.

Es también muy importante el que las juventudes vean una aplicación práctica de las enseñanzas en su vida diaria. Cuando ven que lo que se les enseña tiene sentido, pueden valorar más lo que se les está ofreciendo y se van a enfrentar a los estudios con más entusiasmo.

Vivimos en una sociedad donde los valores (al no ser objetos materiales) se quedan en un segundo plano (de estar en alguno). El problema es, una vez más, "multifactorial", y necesita de objetivos muy claros para que podamos afrontar la decadencia de la enseñanza con firmeza. El conocimiento debería liberarnos. Pero ¿cómo lo va a hacer si está diseñado por un sistema que pretende seguir oprimiéndonos?

¿Cómo vamos a poner remedio, de manera eficaz, al etiquetado que tiene lugar cuando nos encontramos con nuestros semejantes y pretender mantener un encuentro productivo con ellos y para ellos?

En nuestras sociedades occidentales se están confundiendo valores que no tienen que ver necesariamente con la libertad.

Se pretende aplicar un concepto de libertad que deja mucho que desear porque, en muchas ocasiones, no atiende a los valores personales de cada uno, a la moral, ni a la psicología individual de cada persona. Parece que todos nos debemos regir por las mismas modas, costumbres,… mundo globalizado que conlleva una aplicación casi automática de los valores “que venden” sin atender a las elecciones personales que cada uno de nosotros pueda tener.

No nos podemos dar por satisfechos con la complacencia y el individualismo que resultan de la vagueza y/o de la ignorancia: debemos pedir a nuestro Ser que haga el esfuerzo de llegar más allá de sí mismo, para encontrarnos con el Otro y lograr descentrarnos en un intento final para alcanzar un entendimiento íntimo del otro que ha de ser tanto intelectual como respetuoso. ¿Dónde se nos enseña la empatía?
Tal vez le podamos poner solución a la problemática de la libertad abriendo todos la mente. No nos podemos seguir dando por satisfechos con lemas tales como “opresión oriental”, “libertad occidental”,… sino que tendremos, una vez más, que recuperar el matiz que tienen los asuntos. Ningún tema es simplificable hasta estos límites y menos, cuando atañe, como ocurre en este caso, a las ciencias humanas.

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viernes, 30 de noviembre de 2012

Conscientemente inconscientes


Dice Roger Garody: “Decir Dios es decir que la vida tiene sentido”.

Surge aquí un punto: la relación a desarrollar del ser humano con lo divino se presenta tanto como una necesidad como una dificultad.

Vemos que nos distraen la forma en que nos absorben las permeabilidades que colindan y aquello que identificamos como “realidad”. Terminamos cayendo en la negligencia y descuido (gafla) perdiendo el sentido que tienen las cosas y entreteniéndonos en su mundanal presencia. “[y se le dirá:] “¡En verdad, has vivido desatento a este [Día del Juicio]; pero ahora te hemos quitado el velo, y hoy tu vista es penetrante!” (Corán: 50/22).

El Corán nos propone, como ejemplo de esta gafla la historia de los faraones quienes mandaban construir pirámides en conmemoración a vida de la muerte. Ordenaban erigir semejantes monumentos conmemorando su grandeza y exaltando sus nombres pero cayendo en la condecoración de su finitud y la de todo humano.

Cada uno de nosotros tiene su pequeña pirámide y es un pequeño faraón. Innumerables ejemplos nos atrapan en la inconsciencia entreteniéndonos del recuerdo, en un mundo que sólo busca lo transitorio (dinero, reputación, poder, salud, ¡vida perecedera!...) En este mundo se nos entretiene y entrena en el olvido. Tenemos que olvidar para no sufrir, se nos dice. ¿Pero qué hacemos con el sufrimiento de quienes olvidan? Personas que aun entreteniéndose y olvidando se encuentran en la más absoluta penuria moral careciendo de sentido y significado.

La toma de conciencia en esta vida mundanal en la que no experimentamos la trascendencia se presenta como una necesidad cuando perseguimos abandonar esa gafla que siempre va escoltada de una indigente pérdida del sentido de nuestras realidades.

Pero ¿Cómo podemos llevar a cabo la tan deseada toma de consciencia?

El primer punto tendrá que ser el de reconocer el estado en el que nos encontramos. Nunca podemos estar parados aunque parezca que no hemos tomado ningún camino. Pues se pueden distinguir tres estados:
 
-El de quien dice no necesitar caminar hacia ningún sitio, marchando hacia atrás con semejante pensamiento y habituándose a cierta indiferencia.
-El de quien piensa estar retenida en las casualidades de la realidad y no avanza debido a este entretenimiento.
-El de quien indaga y explora tras percatarse de la inconsciencia en la que nos sumerge el mundo. Estas personas se dan cuenta de las formas de entretenimiento que hay en el mundo, de los artefactos de drogadicción que nos colindan y llevan a cabo un profundo trabajo de consciencia y actuación. Ya que la mera conscienciación no afecta a la realidad.

En un mundo como el que vivimos nos convertimos en el primer peligro para nosotros mismos. “¡OH VOSOTROS que habéis llegado a creer! ¡Sed conscientes de Dios; y que cada ser humano mire bien lo que adelanta para el mañana! Y [una vez más]: Sed conscientes de Dios, pues Dios es plenamente consciente de lo que hacéis; y no seáis como aquellos que se olvidan de Dios, y entonces Él les hace olvidarse de [lo que es bueno para] sí mismos: [pues] son ellos, precisamente, los realmente depravados. (Corán: 59/18-20) Esta aleya nos invita a la toma de consciencia. Tenemos que estar atentos a las distintas inclinaciones sociales, personales... que nos desnaturalizan, a las emociones colectivas que inhiben muchas veces nuestra capacidad de actuar.

En la sociedad occidental se nos está encerrando en el juego de la inconsciencia: una dinámica de individualismo, egoísmo y olvido. Oyes decir: "Eres feliz cuando consigues olvidar". El mensaje del Islam clama todo lo contrario "Eres feliz si te acuerdas" (si eres consciente de tu realidad, de Él).

El ejercicio más inmediato para conservar explícitamente este recuerdo es mediante Assalât. Cinco momentos al día en los que tratamos de privarnos de las incontingencias de la duniyâ (mundo de la distracción) para reflexionar sobre nuestro estado y sobre dónde nos encontramos, en realidad, respecto del ideal que tenemos de nosotros mismos.

"La meta de la ética del profeta Muhammad es la adquisición de la taqua, la máxima sensibilidad al actuar, la completa adecuación entre lo que te demanda el instante y nuestro modo de estar. La tradicicón islámica entiende que cada uno de los profetas que han venido a la Humanidad ha encarnado plenamente un maqâm, un modo conceto de ubicarse en la realidad. El maqâm de Muhammad es la taqua. Por eso se ha llamado al Profeta imâm al-muttaqîn (el imâm de los que tienen taqua), porque el Islâm aspira a lo contrario del descontrol que es lo que caracteriza la ÿâhiliyya (la inmadurez). Y si la médula de nuestro dîn es la taqua, la cobertura ósea que la recubre (y sin la que dicha médula se secaría) es la `ibâda. [...] Sin práctica no hay Islâm; el Islâm no es un sentimiento: es el modo en que se vertebra el barro que somos". (A. Aya. El Islâm no es lo que crees. Pág. 168.)
 
Identificar a Allâh con el sentido de la vida es ser conscientes de Su presencia en las realidades más ordinarias de nuestras vidas diarias. Podemos elegir vivir a través de esta presencia o ignorarla perdiendo todo significado. Es así como se puede entender la sentencia de Roger Garaudy. Allâh es lo que da base y sentido a la realidad.

Te pido, en la intimidad de mi rukû` (postración), que abras mis sentidos a Tu recuerdo y hagas que sepa prolongarlo a las demás lapsos de tiempo con que cuente en esta vida finita.

jueves, 22 de noviembre de 2012

El otro que hay en mí

La presencia del otro me habla, le habla a mi intelecto, a mi corazón, y a mis emociones: por lo que tengo que tomarme un tiempo para escuchar cómo le percibo. El viaje hacia el interior y el encuentro con el otro es la lección básica de todas las espiritualidades y religiones. Es una forma de dirigir la atención del humano a su conducta y comportamiento,  y de hacerle examinar las causas de sus acciones y de sus restricciones. Las enseñanzas del Hinduismo hacen gran énfasis en las disposiciones internas que otorgan equilibrio a la “buena vida”. Tenemos que comprehender tanto las prescripciones morales que se aplican, en el uso, a todos; como aquellas que son más específicas de las etapas y de los distintos estados de la evolución moral (vandasharandharma), e identificar sus causas internas, que son tanto colectivas (dharma) como individuales (karma). Conforme todo el mundo, ya sea hindú o no, comparte con los demás un Ser interno (atman) que existe más allá de la impresión de su ego, cada karma da aliento a una disposición moral que es tanto única y personal como psicológica (swabhava) que el intelecto del individuo debe aprehender y entender si quiere reformar y mejorarse a sí mismo. Es esa búsqueda, esa reforma y liberación interna lo que posibilitará el dirigirse hacia el otro, tras el esfuerzo necesario por trascender el ego y la liberación interna del Ser. Debemos controlarnos a nosotros mismos y trascender las disposiciones ciegas del ego para poder asir el principio de causalidad universal: la diferencia que hay entre las carreteras, caminos, mentes y colores se podría entender, entonces, desde el interior gracias a la disposición del corazón y de la mente según dominan las ilusiones y la ceguera potencial de las emociones. 

La parábola de los hombres ciegos y el elefante, que también encontramos en la tradición budista, revela esta misma verdad: cada ciego piensa, al tocar algunas partes del elefante, que puede describir todo el animal y que tiene posesión de toda la verdad. Una interpretación superficial nos puede llevar a pensar que la importancia de esta parábola tiene que ver con que nos enseña que nadie tiene posesión de toda la verdad y que las formas de llegar a esta pueden ser muchas. Pero también nos enseña algo más: los hombres están ciegos, o han sido cegados, y el problema de su relación con la Verdad y la diversidad tiene que ver con su ceguera interna. Sólo mediante una introspección elemental pueden esperar llegar a la verdad esencial sobre el elefante y sobre sus puntos de vista. Lo importante no es lo que es el otro, o lo que el otro me cuenta, sino lo que, a mí, no me deja de ver, escuchar, entender, para finalmente reconocer al otro como lo que es. Lo que importa es lo que el otro desvela de mis problemas, mi sordera y de mi ceguera. El encuentro y reconocimiento del otro no es el resultado de un enfoque intelectual, sino de una iniciación hacia el Ser interior, o una introspección o viaje hacia el ser que debería permitirme reconciliar y armonizar las dimensiones de mi persona: mi conciencia con mi corazón, mi mente con mis emociones. Más importante es darse cuenta de que mi negación del otro desvela la ceguera que guardo dentro: a la periferia del “ego” el otro es una amenaza accidental; pero en medio de la búsqueda, el otro es una necesidad positiva. 

Esta fue la intuición de Sócrates en sus enseñanzas sobre la moderación. Controlar el ego y sus pasiones es un ejercicio, a medida que las filosofías nos puedan ir llevando por el camino de la verdad. Tratándose de una búsqueda de paz interior que puede, por sí sola y a largo plazo, conllevar la paz social y política. En realidad, según Sócrates, son los filósofos quienes deberían encargarse de los asuntos de la polis: para que cuando los ciudadanos alcancen los quince años, su búsqueda esté bien encaminada y para que sus intenciones en lo secreto del alma y de los peligros de las pasiones internas, les capaciten para participar en la vida pública con toda serenidad. Platón desarrolla en La república parte de sus reflexiones sobre el yo interior, y no es una coincidencia que nos encontremos con que Aristóteles introduzca términos como la purificación o catarsis y no lo hace sólo en La poética sino también en su obra La política. El arte y las actuaciones públicas teatrales y musicales son instrumentos colectivos o espejos sociales que nos vuelven a reflejar hacia nosotros mismos, hacia nuestra introspección y hacia los imperativos morales para trascender las pasiones ciegas y los miedos y emociones insanos. La catarsis aristotélica es un anti-populismo: nos enseña y llama para que cultivemos actitudes que son todo lo contrario a aquellas que inducen los discursos populistas que nos están minando. El primero nos remite a nosotros mismos—de manera profunda y exigente—para que logremos el saber que necesitamos para abrirnos al otro en la sabiduría; la última nos ofrece esa imagen superficial y aterradora de los demás para enrollarnos en nosotros mismos de una manera cerrada y egoísta. 



Todas las enseñanzas morales tienen sentido precisamente porque exigen que trabajemos en nosotros mismos, sobre nuestro comportamiento, nuestros sentimientos, nuestras emociones y miedos. Desde el Hinduismo hasta el pensamiento monoteísta, pasando por Sócrates, Platón y Aristóteles, el mensaje común es que todos estamos, natural y potencialmente, inclinados a rechazar al otro, y a ser intolerantes y racistas. Abandonados a nuestros propios emblemas y nuestras emociones rudas, podemos ser sordos, ciegos, dogmáticos, cerrados y xenófobos: pues no nacemos con una mente abierta, respetuosa y plural. La alcanzamos mediante el esfuerzo personal, la educación, el autocontrol y el conocimiento. Al-îmân significa confianza, conocimiento, justicia, un estado de paz y equilibrio y de estar a gusto con nosotros mismos. La búsqueda de esa paz interior se considera una de las condiciones previas para establecer una relación serena con el otro y con la diferencia. El mensaje universal que encontramos en la máxima “Ama a tu vecino como te amas a ti mismo” es un ideal que revela tres dimensiones: el primero es que es una cuestión de amor, o una disposición del corazón. Segundo, el amor al otro significa prestar especial atención al amor por uno mismo (“como a ti mismo”) que debe sentirse y profundizarse como una invitación a mirar hacia fuera y no como una prisión; y por último, amarnos a nosotros mismos y alcanzar la paz interior es una precondición implícita para poder amar y dar la bienvenida al otro hacia la paz de nuestros corazones. Se trata de una historia de amor. Y también de una historia de conciencia y exigencias: se trata de conocernos a nosotros mismos, reconocer nuestras tentaciones naturales más tenebrosas y seguir en la búsqueda de las aspiraciones más nobles de nuestros corazones. El precio que hay que pagar por un encuentro sereno y respetuoso con el otro es el compromiso que adquirimos para el encuentro con el yo. El Corán demuestra que Dios desea una pluralidad universal (hemos hecho de vosotros pueblos y tribus), y recuerda el significado por excelencia a la hora de controlarlo y manejarlo: "Realmente, el más noble de vosotros ante Dios es aquel que es más profundamente consciente de Él." (Corán 49:13). Este es el mensaje universal de todas las filosofías, tradiciones espirituales y religiones. Nos llaman para que examinemos nuestra conciencia, para trabajar sobre nuestros seres, y no olvidar nunca la necesidad de confianza y amor, la confianza en uno mismo, de uno mismo, y de los demás.


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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Democracias sangrientas

Fue en el 2006 cuando el mundo autorizó que los territorios ocupados eligieran a sus gobernantes reconociendo dicha elección como justa y transparente. Pero la victoria política de Hamas sumió a los palestinos en guerras y agresiones justificadas con la tan sonada y gastada melodía de “guerra contra el terrorismo”. El maltrecho pueblo eligió a los “belicosos” y al hacerlo se convertían todos en “terroristas” dando acceso libre a Israel a sus territorios. A nadie le puede pasar inadvertido que este es justo el motivo para que se permitieran aquellas elecciones. Utilizan la elección democrática de un pueblo como excusa o evasiva a la hora de responder a los reproches de quienes se atreven a cuestionar.

Los medios de comunicación nos dicen que Israel se está defendiendo de las agresiones que recibe por parte de los palestinos. ¡Gran mentira! Se está repitiendo el mismo escenario de 2008, con los medios de comunicación expeliendo la propaganda cínica del gobierno israelí. Durante semanas y meses, aviones pilotados estuvieron planeando sobre Gaza, aterrorizando a la población y atacando objetivos concretos. El liderazgo palestino no reaccionó ante la provocación hasta que se produjo la muerte de un niño. Se lanzó un cohete, antes de un acuerdo sobre los términos de una tregua entre ambas partes y un día antes del asesinato del líder de Hamas, Ahmed Jabari. Y entre tanto, Israel ataca, mata y provoca en silencio y se presenta en los medios como la víctima que debe defenderse. El escenario es el mismo que en 2008, que le costó la vida a cerca de 1.500 palestinos. Personas que se convierten en meros daños colaterales autorizados a nivel internacional. 

La guerra que masacra a los palestinos por enésima vez tiene lugar en momentos en los ciudadanos de las democracias internacionales experimentan cierto desapego de esos ideales que nos han nutrido durante décadas afianzándonos en la libertad, derechos y demás papeletas electorales. Los individuos de este y oeste, norte y sur comienzan a descubrir la falacia en que se les ha educado para que defendieran acérrimamente un sistema que ahora los masacra.

Nuestras democracias matan. Matan a nuestros vecinos más cercanos, como podemos ver en los telediarios. Y matan a los que se defienden, como sucede en Palestina.

Nuestras democracias están exterminando nuestra capacidad de razonamiento al inculcarnos estilos de vida parejos a sus intereses. Están aniquilando nuestra creatividad a la hora de sentar las bases para un sistema más justo, más humano, más igualitario. Nos están limitando a meros consumidores: consumimos desde galletas y perfumes, hasta ideales o religiones… hemos dejado de operar sobre nuestras elecciones y nos hemos convencido de que la única solución viable al pésimo estado del mundo es entrar en el mismo sistema que ha generado semejantes desórdenes.

Da la sensación de que en la mente del hombre ilustrado, tal y como se considera el ciudadano occidental, la sangre y carne de los oprimidos tiene menos valor que la de quien oprime. Todos en sincronía defendiendo y condenando a los de siempre dando ejemplo con ello de lo instruidos que estamos por el sistema.

Las ideas de hombre de bien, o ideales del justo medio parecen haber servido sólo como utopías de Rousseau, Goldsmith y Compte pero no encuentran terreno de aplicación en nuestra atropellada carrera hacia ninguna parte.

viernes, 3 de agosto de 2012

¡Gobiérnese ayunando señor gobernador!

¿Por qué habremos optado por un rótulo tan insolente?
Es de todos conocido cómo se propasa el niño Rajoy ajustando a los demás sin dirigir la mínima atención a una disciplina para él y los desenmascarados miembros de su gobierno.
Gobierno votado en la tenebrosidad e incertidumbre de la desesperación de un pueblo letrado pero que no recurre a la reflexión y al empeño personal sino que pretende que unos responsables faltos de responsabilidad den solución a su exasperación.

Le recomendamos a él y a otros muchos inscribirse en esta escuela de consciencia, generosidad y solidaridad. Un mes escolar que te labra en la unidad con todo lo creado y que te hace sentir en propia piel, la importancia de valores tales como la justicia  de la que tanto alardeamos pero que notamos como inexistente en las esferas donde debería advertirse este y otros valores: la praxis cotidiana entre las personas y no como un ideal camuflado de nuestra vivencia.

Es una práctica para la búsqueda individual de uno mismo: conocerse para saber el porqué de cada obrar en todo momento. Para nosotros es buscar a lo divino en todo cuanto experimentamos, para este caso puede entenderse como la mejor forma de escarmentar las malas consideraciones con el resto, para dejar de fantasear sobre sus penurias (fantasear con lo que le complace) y emprender el camino hacia una verdadera acción que no tenga por fin guarecer poderes que subyuguen al resto en beneficio propio.

Ayunar fomentaría que recobrara su sinceridad al encontrarse solo consigo mismo, sin intermediación de los objetos y actos que más ambicionamos y que nos ocultan de nosotros mismos. Tal vez recobrara su humanidad y consideración para con ésta dejando de tomarnos por lerdos y empezando a hacer lo que compete hacer en este momento: pesquisar por los beneficios del pueblo y no los propios, siendo para lo que se le ha votado aunque se haya hecho ingenuamente.

¿Y cómo podrían cambiar las directrices políticas estando inscritas en un sistema de bancarrota política y económica internacional? La ética simplemente es cuestión de llamar a la consciencia individual para hacer que los valores y principios que hayamos elegido (por fe, razón o imaginación) coincidan con las acciones que desempeñamos asumiendo la responsabilidad de los actos que llevamos a cabo.

Nuestros actos individuales establecen la ética sobre la que se rigen las sociedades y no al revés. La política se ha acabado convirtiendo en entretenimiento, la justicia social en utopía, los caminos que emprendemos en perdición y el futuro en incertidumbre. ¡Gobiérnese ayunando señor gobernador!

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Reflexiones sobre el mes de Ramadán




sábado, 21 de julio de 2012

Ad`iya (invocaciones) desde la Sunna 2

Allâhumma, protégeme con Tu observación que no se fatiga, auxíliame en Tu refugio del que no se puede huir y guárdame bajo Tu poder para que no perezca, pues eres mi Esperanza.

Rabbî, cuánta prosperidad y gracia nos has concedido aun quedando en la insignificancia nuestro agradecimiento. Y con cuántas aflicciones nos has puesto a prueba mermando nuestra serenidad en las mismas.

Aquel que no me priva cuando cesa mi agradecimiento. El Que no me abandona cuando con Sus pruebas mengua mi paciencia y Quien no me descubre cuando me encuentro extraviado. Tú, que eres Poseedor de una amabilidad que nunca se agota, y Cuyos concesiones no pueden albergarse en número alguno. Te Pido que (desciendas Tu paz sobre el profeta Muhammad y el linaje de Muhammad). Y en Ti busco refugio de quienes te son más hostiles.

Narrado por al-Dilmîy en Musnad al-Firdaws a través de AlI, que Allâh esté complacido con él en Kanz 3441


Otras invocaciones:




viernes, 20 de julio de 2012

Ad`iya (invocaciones) desde la Sunna 1

¡Allâhumma!, pido Tu compasión, para guiar a mi corazón, arreglar mis asuntos, subsanar mi desengaño, corregir mi negligencia. Para que eleves con ella mi testimonio. Para multiplicar mis buenas obras,  devolverme la armonía (ajada) y que me protejas con ella de todo mal.

¡Allâh!, Te pido un îmân y una certeza tras los que no contemple ingratitud y solicito Tu clemencia para poder alcanzar el privilegio de Tu Generosidad, tanto en la vida terrenal como en la eterna. Allâh te ruego un destino exitoso, el disfrute de una morada semejante a la de los mártires, la vida de los dichosos y victoria sobre Tus enemigos. Allâh, dejo caer sobre Ti mi necesidad cuando mi consideración disminuye y mi esfuerzo se debilita y Te pido que me protejas del tormento del fuego, del clamor que emerge desde la desolación y de la prueba de las tumbas, de la misma manera que concedes asilo a quien se halla en la perdición de los mares. Allâh, deseo aquello que mi discernimiento no alcanza y mi intención no capta y que es un bien prometido a alguna de tus criaturas o un bien que das a alguno de tus siervos, y Te lo pido amparada por Tu Misericordia, ¡Tú, El Más Misericordioso, Gozoso de todo poder y honra! El constante en Sus relaciones y El que guía los asuntos, imploro Tu protección el día de Tu encuentro y desembocar en Tu jardín el día de la inmortalidad junto a quienes aproximes a Ti,  testigos de Tu Presencia, quienes se prosternaron y arrodillaron. Los que cumplían sus promesas, pues Tú eres quien tiene compasión y se apiada de nosotros. Eres Quien procede de igual manera que dispone. ¡Allâhumma!, haz que estemos bien guiados y que guiemos hacia Tu Guía, en vez de ser de los extraviados que inducen al error. Haz que seamos fuente de firmeza para quienes están próximos a Ti y que nos revelemos en contra de quienes Te son hostiles. ¡Allâhumma! esta es nuestra súplica y a Ti corresponde la réplica. Este es el esfuerzo que a Ti encomendamos. ¡Allâhumma!, concede luz a mi corazón, luz a mi tumba, luz a mis manos. Dispón luz por detrás y por delante de mí, luz a mi derecha y a mi izquierda, luz por encima y por debajo de mí. Otorga luz a mi reflexión, a mi percepción y a mi sentimiento. Concede luz a mi ser, a mi tez, sangre y armazón. ¡Allâhumma! amplía para mí esa luz, fórmala y concédemela.

Es Glorificado Quien se envuelve en el poder y lo transmite. Es Glorificado Quien se reviste de generosidad y se muestra Generoso. Es Glorificado Quien es el Único a quien se puede enaltecer. Alabado sea el Dueño de la superioridad y de la prosperidad. Glorificado sea el Poseedor de la gloria y la magnificencia. Glorificado sea Quien detenta todo Poder y Gloria.  

Narrado por al-imâm Tarmidzi (3419) y Muhammad Ben Nâser al-Tarbâni (Awsat 3296) y al-Bîhqi a través de Ibn ‘Abbâs, que Allâh esté complacido con ambos.

sábado, 14 de julio de 2012

Reflexiones sobre el mes de Ramadán

El mes de Ramadán está a la vuelta de la esquina, y con él, las musulmanas y los musulmanes del mundo se inscriben en una de las mejores y más bellas escuelas de la vida. El mes de ayuno es una escuela de îmân, de espiritualidad, de conciencia; un mes de generosidad, de solidaridad, de justicia, de dignidad y unidad. Es el mes en el que debe darse la introspección más profunda a nivel personal pero entre los demás, y coincide con la mayor contribución de los musulmanes a la humanidad. El mes de Ramadân supone el ayuno más extendido del mundo, y sin embargo, sus enseñanzas se reducen al mínimo, hasta llegar al abandono (a través de la aplicación literal de normas que pasan por alto su objetivo final). No es de extrañar entonces que debamos volver a este tema, como vuelve el mes del ayuno cada año. Pues debemos repetir, ensayar y profundizar aún más nuestra comprensión de lo que nos enseñar este ayuno, esta escuela de cercanía de lo divino, de humanidad y dignidad. El ayuno es la búsqueda individual de lo divino y pide a cada uno de nosotros mirar más allá de sí mismo: Ramadân es, en esencia, un mes de espiritualidad humanista.

Durante los días de ayuno se nos llama a abstenernos de comer, beber y responder a nuestros instintos, para volver hacia adentro, a nuestro corazón y al sentido de nuestras vidas. Ayunar significa observar la sinceridad, para examinar nuestras deficiencias, contradicciones y fracasos, y dejar de ocultar lo que somos, para empezar a centrar nuestros esfuerzos en la búsqueda de nosotros mismos, de significado y de las prioridades de nuestras vidas. Más allá de la comida, el ayuno nos obliga a examinarnos a nosotros mismos, reconocer nuestras limitaciones con humildad, encarar nuestro ser (nafs)  con una reforma ambiciosa. Es un mes de renovación para hacer un balance crítico de nuestras vidas, de nuestras necesidades, de nuestros olvidos y de nuestras esperanzas. Tenemos que tener tiempo para nosotros mismos, para cuidarnos, meditar, contemplar, simplemente para reflexionar y amar. Desde esta perspectiva, el mes de Ramadân es la mejor expresión posible de la lucha contra el consumismo: ser y no sólo poseer, para liberarnos de las dependencias que nuestras sociedades, basadas en el consumo, estimulan y amplían tanto al Norte como al Sur. Al invitarnos a dominar nuestros instintos, el ayuno cuestiona la noción moderna de libertad. ¿Qué significa ser libre? ¿Cómo vamos a encontrar el camino hacia una libertad más profunda, yendo más allá de lo que anhelamos? Todo un mes, año tras año, para seguir siendo humano, para convertirse en un ser humano ante Dios y entre los hombres. Un verdadero ayuno, que contradice las apariencias.

La tradición del ayuno fue prescrita, como nos revela el Corán, por todas las tradiciones religiosas anteriores al Islam. Es una práctica que compartimos con todas las espiritualidades y religiones, y como tal, lleva la marca de la familia humana y de su fraternidad. Ayunar es participar en la historia de estas religiones, en una historia que posee un significado, que tiene sus propias demandas y que está conformada por rumbos y por objetivos finales. Una unidad de descendencia espiritual, de trascender de lo estrictamente humano, une a todos los sistemas de creencias, a todas las religiones. El Islam se sitúa en el sentido de unicidad de Dios (Tauhîd), para reconocerla en la diversidad humana, en virtud de cómo esta se vivió y vive. Entre los musulmanes las distintas formas de romper el ayuno, de las comidas, de la gestión que se hace de la noche,... son muy diversas. A pesar de que el tiempo y el ritmo de los ayunantes sean similares. Lo que evoca una unidad de significado, y una diversidad en la práctica. El mes de Ramadân trae consigo esta enseñanza fundamental, y recuerda a los propios musulmanes, con independencia de la escuela que siguen, que comparten el mismo camino y que deben aprender a conocerse y a respetarse entre sí. De la misma manera que lo deben hacer con otras tradiciones, ya que el propio Corán ordena el "conocerse".

Este mes que llega es un mes de dignidad. La Revelación nos recuerda que el ser humano es una criatura de nobleza y dignidad. "Hemos dado la dignidad a los hijos de Adán (la humanidad)." El ayuno está prescrito Sólo para ellos, con plena conciencia, sólo se les pide a ellos ascender a la altura de su noble objetivo. Debemos llevar a cabo el ayuno manteniéndonos en el espíritu de la búsqueda de proximidad a lo Único, de la igualdad y la nobleza entre los compañeros, mujeres y hombres por igual, y en solidaridad con los oprimidos. El eje de esta vida redescubierta por tanto es el que sigue: volver a nuestros corazones, reformar a la luz de lo esencial, y celebrar la vida en la solidaridad, para experimentar la privación y rechazar una pobreza impuesta y degradante. Nuestra tarea es el auto-dominio con nosotros mismos, debemos elevarnos, romper nuestros lazos, ser libres e independientes, por encima de las necesidades superficiales, siendo lo mejor para ocupar nuestras mentes con la Verdad, cerca de las necesidades de los pobres y los necesitados. El mes de Ramadân es, pues, un lugar para el exilio de la ilusión y de la moda, y una peregrinación profunda en uno mismo, peregrinación hacia el sentido, peregrinación en los demás. Para liberarnos de nosotros mismos, y servir al mismo tiempo a todos los recluidos por la pobreza, la injusticia o la ignorancia.

Los musulmanes pasan treinta días en compañía de este mes de luz. ¡Si tan sólo ensancharan la amplitud de sus ojos, sus corazones, y de su ser para recibir la luz y poder ofrecerla como el mayor regalo de su tradición espiritual a sus hermanas y hermanos en la humanidad! Han de ejercer el autocontrol y dar, meditar y llorar, rezar y amar, y todo ello al compás del Corán. En verdad que ayunar es orar, orar es amar.

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¡Gobiérnese ayunando señor gobernador!

lunes, 9 de julio de 2012

Multiculturalismo, identidad e islamofobia




Cuando hablemos de modelos culturales existentes en una sociedad lo tenemos que empezar a hacer desde nuestra responsabilidad individual que es la que forja nuestro "estar" plural en un espacio determinado. Por tanto no podemos seguir hablando de integración, marginación, fracasos… sin más, sino que habremos de ver cuál es nuestra contribución personal a una forma de estar en concreto.

La mayoría de los musulmanes velan por evitar "la contaminación" que parece acechar a sus hijos en un ambiente categorizado de "no islámico" y por tanto hostil e inculcan a estos nuevos musulmanes un frágil sentimiento de alteridad al desarrollar una vivencia desdoblada (musulmán por un lado y español por otro). Dejando de llevar a cabo, de este modo, el trabajo del ser que se requiere cuando se pretende vivir plenamente todas nuestras pertenencias. De no hacer esto, no podremos contribuir como ciudadanos en base a un código moral que insta, además, a esta contribución y a vivir entre la gente.

La consecuencia, y tal vez causa, de esto es el rechazo por parte del resto de la sociedad que se limita a pedir a las familias que se integren en un sistema que no satisface si quiera sus propias exigencias: a la vista de todos está el más que ostentoso fracaso de la educación, economía, banca… que delata la necesidad de recurrir a otros mecanismos y de buscar otras soluciones a un creciente malestar en la sociedad.

Aquí es notable el esfuerzo que llevan a cabo los musulmanes por mantener una espiritualidad tan vivaz como les sea posible, preocupándose por su fe en Dios, por la espiritualidad y por valores sociales tales como la educación, las relaciones interpersonales, etc. Es notable y también es una alternativa al estado que atravesamos: podemos defender nuestros valores haciendo que cobren sentido en el momento actual y no por mera repetición de unos esquemas e ideas que no tienen el alcance social pretendido por las mismas, limitándose con semejante comportamiento a reincidir en el recóndito error del que nos advierte el Corán en más de una ocasión: "¡No!, seguiremos [sólo] lo que hemos hallado que creían y hacían nuestros antepasados." (Corán: 2/170). Dejando, al hacerlo, de adaptar (que no cambiar) los preceptos de nuestra moralidad a nuevas exigencias: pues podemos presentar nuestro ayuno en Ramadán como una forma de resistencia a la aparentemente imperiosa necesidad de consumir, manteniendo los lazos familiares y sociales, buscando alternativas a la bancarrota moral reinante en la sociedad, preocupándose por la educación… y todo ello anclados en un código moral que nos exige el desarrollo de soluciones que estén acorde y satisfagan las necesidades de nuestro tiempo y lugar: el ejercicio del iÿtihâd.

Es desde esta concepción desde donde habría que entender la islamofobia. Nuestros conciudadanos no pueden guardar aprensión a todo un credo únicamente porque algunos de sus vecinos musulmanes ¡no saben saludarles en su idioma! Hay toda una campaña de desprestigio de los musulmanes no en cuanto a personas sino como portadores de una moralidad que ha de cuestionar para acabar infiltrándose en todas las áreas de la vida. Pues tienen que plantear soluciones a las brechas sociales que padecemos, al fracaso del

sistema financiero, y toda una serie de discrepancias que amenazan un régimen añejo que ya tiene que empezar a dar pie a soluciones más plausibles para la situación social que atravesamos.

Es desde aquí de donde tenemos que emprender nuestra vivencia del Islam y no como una reiteración desnuda de preceptos, dogmas, restricciones y prohibiciones. Trabajando codo con codo, mujeres y hombres por un futuro en el que nos arraigamos con las personas, para el bienestar de éstas y el nuestro. La utopía serviría, aunque no tenga lugar, para tirar de nosotros.

viernes, 30 de marzo de 2012

Anclados en el trastorno de nuestras evidencias

En ocasiones hablamos de lo racistas que son algunos vecinos, compañeros de clase, conciudadanos... De todas las veces en las que algunos se cruzan con gente conocida sin que ésta responda al habitual saludo que tanto parece costar. Pues al saludarles siguen configurando la misma cara de asco e impotencia y refunfuñan maldiciones cuyos orígenes desconocían tanto "los odiadores" como "los odiados".

Las personas que denuncian habitualmente este tipo de trato desconocen el universo mental que puede inspirar la palabra "islam" o "musulmán". Según la tradición heredada, se trata de un ser que se suele excluir. Aunque en ocasiones sea envidiado, la actitud más recurrente respecto de su persona es la del combate. El musulmán o moro (ya sea morisco, turco o marroquí) alimenta desde hace siglos leyendas y fantasías. Es el blanco de las batallas—la mayoría de las veces imaginarias—del imaginario colectivo. Estas ideas obedecen, claro está, a un conjunto de circunstancia históricas que ni el moro ni su "odiador oficial" conocen. Y es un hecho que Manuel García Morente expone con acertada nitidez:

"Desde la invasión árabe el horizonte de la vida española está dominado, en efecto, por la contraposición entre el cristiano y el moro [...] lo ajeno es a la vez musulmán y extranjero. Lo propio es, pues, a la vez, cristiano y español. [...] Todavía hoy, en nuestros campos andaluces se llama moro al niño no bautizado [...] Pero amigo o enemigo, maestro o discípulo, el moro es siempre el otro—aunque convive o colabora en una misma comarca o ciudad—y es el otro en los dos sentidos inseparables de la otra religión y de la otra nacionalidad".

Por otro lado nos encontramos con un planteamiento semejante por parte de los musulmanes. Según éste todos los que no conforman ese "nosotros" o muslim se reducen convirtiéndose en meros "nesrâni" o “nsâra” (aborrecidos hermanos de la otra banda) creando otro Otro que veta a la verdadera persona que se halla tanto detrás del primero como del segundo.

Por ello, y por más informaciones con las que se siga minando la conciencia colectiva, nos damos por satisfechos con estas visiones sesgadas de una realidad cambiante en la que podremos contribuir de forma asertiva si sabemos superar las fronteras para vivir en las lindes de estas dictaduras mentales. Esto conlleva ser apátridas cuya esencia, aunque suene a oxímoron, sea la contribución como esencia de nuestra ciudadanía. Y que lo avale el sentido de una dignidad compartida y nuestros valores compartidos. Reconciliándonos con nuestra propia historia y  Ser para poder ser sujetos en la acción y no meros objetos de percepción.

Tener confianza en una, (o) misma, (o) es la forma más segura de aprender a confiar en los demás para acabar con el reconocimiento de su lugar como sujetos y hermanos de una misma humanidad. Deberemos darnos la opción de descubrir ideas más allá de las que reducen la “pertenencia” a ser miembros de una comunidad de fe o a la supuesta supremacía de cualquier ideología o ceguera colectiva. Quedándonos anclados en el trastorno de nuestras evidencias.